Me cuentan, querido José Carlos, que ya estás a punto de regresar a tu añorado Ourense. Que los cardiólogos de A Coruña han hecho un excelente trabajo y que tu corazón (que ya era de oro) reluce más que el sol. Nada nuevo. Llevas toda una vida siendo un icono de la coherencia, la tolerancia y un largo etcétera de virtudes que tienen que ver con el espíritu democrático y el respeto a los demás. Así eras en tu vida profesional y así eres como presidente del Liceo, entidad que lideras con maestría desde el ya lejano 1984. Era aquel un año en el que el país todavía tenía fiebre de libertad, de cambio, de alegría, de futuro. Llevaba dos años el gobierno de Felipe González y empezaba a consolidarse en nosotros la firme creencia de que el cambio era un hecho. Ese cambio que tu supiste llevar, como nadie, al espíritu del Liceo. Hay un antes y un después de tu llegada a la presidencia. Convertiste la entidad en un púlpito liberal y plural, abierto a todos, sin vitolas políticas y con la única bandera de la defensa de Ourense. Hoy tengo que felicitarte doblemente. Por la recuperación tras la complicada operación y por haber logrado convertir al Liceo en un centro al servicio de miles de socios, de miles de ourensanos del común y de varias entidades que tienen su sede en el viejo caserón de Lamas Carvajal. Y eso es todo un logro en estos tiempos en los que dirigentes de entidades similares a la tuya están con la mano en actitud pedigüeña para que los dineros de todos les paguen una sede propia. Que hablen contigo. Explícale el método para ser libre e independiente del poder político y económico al tiempo que comprometido con la cultura de Ourense. En eso, y en tantas cosas, eres un maestro. Un gran maestro. Mil primaveras más para ti, querido presidente del Liceo Ourensano.