Con un canto a la nostalgia prendió Antonio Mosquera la mecha de las fiestas de O Cristo en el pregón que anoche dio en un teatro Lauro Olmo lleno hasta la bandera. Fue un recuerdo de sus años jóvenes, con guiños a muchos de los presentes, hablando de los mediodías de pinchos o las noches de guateque; e incluso de aquellas giras que hacía con Los Iris, no como músico, sino como electricista «e non vexas como se fardaba» entre las jóvenes. También habló de los primeros amores, aquellos que se vivían en el Malecón; y en donde encontró al verdadero, al que todavía está a su lado y que es una de las excusas que tiene para regresar a la localidad. La otra son sus amigos, los muchos que le recibieron en el teatro al grito de «pregonero, pregonero» y que quisieron estar con él mientras se subía al escenario ante los aplausos de sus nietas, sentadas en primera fila junto al resto de la familia. Mosquera no ocultaba su nerviosismo, «por ter sido elixido para ler o pregón» pero también por la cantidad de gente que quiso estar con él en su estreno «nisto» [de hablar en público] del que salió con un discurso que se movió entre una evidente emoción y también la alegría de estar con los suyos, a los que imbuyó en la fiesta al grito de «Viva O Barco».