El suelo de la Libería Salgueiros, en la calle Bedoya, es una inmensa estantería. Sobre él se acumulan decenas de bolsas de plástico llenas de libros y material escolar, debidamente identificadas con el nombre del cliente, el curso del alumno, el nombre de cada libro y asignatura y su precio. Es un desorden perfectamente organizado para, dicen los libreros, que los padres no tengan que preocuparse nada más que de pagar. Y ya es bastante.
«Sempre hai de todo -matiza Julio Salgueiros, librero desde hace 30 años y con tienda propia desde hace 14-, algúns van con calma e moitos esperan ás notas de setembro pero a maioría reserva a fin do curso anterior ou na primeira quincena de xullo. Dependendo do colexio, algúns levan xa tamén o material de apoio pero o que todos queren é chegar e ter todo aquí, non queren ter problemas se falta algún libro ou ter que buscarse eles a vida».
El mundo de bolsas se traduce también en diversidad interior porque raramente los colegios escogen los mismos libros. Algunos, como Salesianos y Maristas, suelen optar por sus propias editoriales y otros combinan distintas opciones. Cada colegio, explica Salgueiros, «é completamente distinto». Algunos no piden más material que cuadernos y lápices y otros solicitan lotes para 4º de primaria de 73 euros. Y los libros, aparte.