Comienza agosto y los medios de comunicación bombardean a su público con contenidos de sabor veraniego. No en vano, la mayor parte de los españoles eligen este mes para tomarse sus vacaciones. Los reportajes sobre playas llenas y fiestas varias, aunque justificados, resultan sin embargo estresantes para quienes se reincorporan a su trabajo precisamente en agosto.
Irse en julio es más barato y los destinos están menos saturados de turistas, se repitieron este día 1 la mayor parte de los ourensanos que eligieron ese mes para sus vacaciones. La vuelta a la realidad, por mucho que intentemos maquillar los hechos, es dura, pero lo es más aún cuando se constata que el lugar al que se vuelve continúa en la UVI. Ourense sigue a la cola de todas las estadísticas, salvo de las negativas, y el turismo no podía ser menos.
Al repasar los periódicos del mes de julio, descubro en una información firmada en La Voz por Rubén Nóvoa el pasado día 24 que el nuevo cámping de Untes recibió una media de un visitante al día desde su apertura. Esto da una idea de la salud que demuestra tener el sector turístico. Para quien dedicó el mes de julio a recorrer las comunidades del norte de España este dato es especialmente llamativo. Solo en la Mariña lucense, por ejemplo, existen ocho cámpings y doy fe de que la mayoría estaban hasta los topes de turistas.
El campismo, sin embargo, es solo una muestra de lo que ocurre en un provincia que, a pesar de su potencial termal, carece de balnearios con plazas hoteleras. Ourense no tendrá playa, pero sí otros muchos atractivos. Al termalismo, ya citado, hay que sumar sus espacios naturales, su patrimonio religioso y un largo etcétera de potencialidades que aún, salvo contadas y destacadas excepciones, no ha sido aprovechado. Urge poner en valor la industria turística, que, como suele recordar Baltar, no contamina. Ya que él ha hecho poco por ella, ojalá otros lo hagan.