A pesar de no tener tren, Verín forma parte de la historia ferroviaria gallega al haber sido una de las pocas poblaciones que contaron con tranvía. Falló la conexión ferroviaria entre Ourense y Chaves hace décadas y también la línea de Zamora, que se hizo por la Serra de San Mamede. Pero la villa del Támega disfrutó de un tranvía de sangre, tirado por caballos. Se inauguró en 1908 con José Manuel García Barbón y el recorrido del trayecto era de 2,4 kilómetros hasta el balneario.
«El tranvía llevaba a los agüistas a Cabreiroá». Así lo cuentan los investigadores del ferrocarril en Ourense, Manuel Hernández y Francisco Boluda en el número 20 de sus Cadernos de Istoria e Arqueoloxía Ferroviaria, publicación de referencia en Españ a. El tranvía dejó de funcionar en los años 30. La línea empezaba en Laureano Peláez, donde se cruza con Luis Espada. Las cocheras estaban en la calle Montemaior. El tranvía seguía por Constitución hacia la carretera de Cabreiroá. La vía discurría por Infestela y O Perú. Al pasar As Poulas, dicen Hernández y Boluda, en el kilómetro 1,400, la vía deja la carretera para enfilar hacia el balneario con una curva cerrada. La única obra de fábrica es un puente sobre el Ábedes. Desde ahí la vía entraba en el recinto del balneario, pasaba ante el Gran Hotel y tenía otra parada en el pabellón de aguas. El ancho de vía era de 75 centímetros con carril tipo Vignole y los vehículos, modelo Falcón, de caja de madera y chasis metálico.