Los políticos se escuchan (a sí mismos, digo) cuando hablan? Quiero creer que no. Quiero creer que esas nóminas que estos días sacan del cajón, para agitarlas en público, incluyen un plus de verborrea que, eso sí, se tienen bien ganado en la mayoría de los casos.
Ojalá los políticos se escucharan. Ojalá, aunque solo fuera eso, se oyeran. Porque a lo mejor si lo hicieran se les subiría el rubor del pudor al hablar de no bajar sus sueldos, en un 15%. Lo digo por la nómina media de 16.500 euros anuales de los ourensanitos. Lo digo por los 26.000 parados. Lo digo por los miles de nacidos que trabajan allende nuestras fronteras provinciales. Lo digo por un poquito de vergüenza.
Porque aquí todos tienen sus razones y como los famosos exprés de la tele cuentan «su verdad». Pero parece que nadie sabe, o quiere, ejercitar la empatía. Prueben ustedes e imagínense a socialistas y nacionalistas si, en la misma coyuntura, fuesen los concejales populares los que ejercieran de cutres con la tijera. Prueben ustedes e imagínense a los del PP justificando, ante el ataque de sus oponentes, que solo el alcalde se sometiera al descuento del 15%. Argumentarían que no pueden perder porque ya bastante pierden con su sacrificio por los ciudadanos sin necesidad de rebajas.
A los que pensamos que podrían y deberían ejecutar el recorte en condiciones nos tachan, lo sé, de demagogos. Qué gracia. Porque esa, más que la de político, es su profesión. Porque unos piden lo que nunca se exigirían a sí mismos y otros rechazan hacer lo que les plantearían a los anteriores. Eso sí es demagogia. Y es que salvo honrosas excepciones de profesionales metidos a la política porque eso de comprometerse (que los hay) a mí siempre me han dado mucho miedito dos cosas: el político sin oficio pero con beneficio y el político que a pesar del oficio busca el beneficio (y no hablo de la cartera). Porque hay algunos que de tanto mirar el euro se olvidan de otros emolumentos. Esos del ego. Del suyo.