Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo. Lo cantaba Alberto Cortés, aquel gran cantante argentino que entre otros temas compuso la canción El Abuelo , que derramando morriña en cada estrofa y preñada de ternura dedicó a uno de sus abuelos que desde Galicia había tenido que emigrar, como no, a Argentina. Cuando un amigo se va, lo valoras más, quieres abrazarlo y retenerlo pero no puedes ni debes. Primero fue Benedicto, nuestro flamante coronel de la Guardia Civil, y ahora Luis Quinteiro, nuestro obispo; mi alma tiene, desde hoy, no sólo uno sino dos espacios vacíos. Pero sé que, aunque en la distancia, podré seguir disfrutando de su amistad. Sin embargo, los ourensanos una vez más, asistimos impotentes a la pérdida por traslado de dos personas honradas, íntegras y queridas por todos. Benedicto González y Luis Quinteiro se ganaron a pulso el respeto y el cariño de los ourensanos que siempre los recordaremos, y aunque esto no nos compense de su marcha, me consta que ellos -y eso aún lo hace más grandes-, tampoco nos olvidarán porque en Ourense, y entre nosotros, fueron felices. Mi obispo, mi coronel, siempre a vuestras órdenes y que el éxito y la felicidad os acompañen en vuestro caminar.
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