O Barco se comió 500 kilos de botelo

OURENSE

A medio kilo de botelo, medio de patatas, un chorizo, un puñado de repollo, una ración de tarta de roxóns y otra de bizcocho de mencía, café y chupito tocaban cada una de los más de 950 personas que ayer disfrutaron de la festa do botelo en O Barco. Ahí es nada.

Con semejantes cifras (oficiales, ya que las ofreció el alcalde, Alfredo García, en su discurso previo) no es de extrañar que algunos aprovechasen la música de la charanga que comenzó a sonar con los postres para echarse unos bailes. Había que bajar tanta comida, porque había mucha sí, pero tampoco quedó como para tirar. Los asistentes a la cita gastronómica, que cumplía su primera década de vida inaugurando el pabellón de Calabagueiros como nueva ubicación, acudían con hambre y con ganas de degustar el embutido típico de Valdeorras.

Ayer no había colesterol ni azúcar ni nada que implicase privarse en la mesa. Eso o se aplicaba lo de «un día é un día», porque la palabra dieta no entraba tampoco en el vocabulario de ninguno de los presentes, y eso que los había de todas las edades. De todas las edades y de todas las procedencias, porque la comarca (e incluso la provincia) se vio ampliamente representada en la comilona de ayer. El botelo sirve como excusa para muchas pandillas para reencontrarse, y es que, como remarcaba el pregonero en su discurso, «nadie es quien de comerse un botelo él solo» por lo que es un plato que «está hecho para ser compartido».

Santos Gurriarán acudió acompañado de buena parte de su familia y numerosos amigos de otros puntos de la geografía que (re)descubrieron el botelo en una comida que se prolongó hasta pasadas las cinco de la tarde. Y es que también aquí se hacía referencia a lo que Santos había remarcado horas antes, «es un símbolo de gastronomía que no se puede medir con estrellas, es la de compartir mesa, pero también sobremesa».

Con la sobremesa (y el baile) remataba la décima edición de una fiesta (a la que entre otros cargos socialistas acudió su líder en Galicia, Pachi Vázquez) en la que desde hace tiempo se lanza la misma idea: la de aprovechar un nicho de mercado (el de la venta de botelo) para crear puestos de trabajo en la comarca. «Temos que ser quen de poñelo no mercado, aí queda o reto para os emprendedores», apuntaba Alfredo García, recuperando una idea que forma parte habitual de sus discursos en esta cita.