Nada une más que los momentos de tensión en los que la adrenalina brota a borbotones. Forman una soldadura que no logra romper ni un terremoto similar al de Chile del 60, que con una magnitud de 9,6 en la escala de Richter, pasa por ser el más devastador de la historia. Esa fuerza es la que une a dos veteranos políticos como José Manuel Baltar y Miguel Santalices desde el aún próximo momento en el que encerrados en un piso pusieron al gobierno de Fraga (en el que Feijoo acababa de aterrizar) contra las cuerdas. Aquel fue uno de esos momentos para siempre. Y para demostrar que la soldadura permanece, ahí está la visita de ambos ayer a Aixiña, otra entidad, como Limiar o el IEV, que participa en las primarias iniciadas por Baltar hijo para conseguir la poltrona de Baltar padre. Para los mal pensados (¡qué en el PP los hay y muchos!) la coartada es fácil: «¡Santalices estaba allí como integrante de la comisión de Política Social del Parlamento!». Y punto, que diría don Manuel. Pero eso será así cuando en la hégira de Baltar júnior estén, por ejemplo, la diputada Cristina Romero, al visitar comercios y similares, o el diputado Poly Nóvoa cuando toquen temas de agricultura. Mientras eso no ocurra, la de ayer habrá que considerarla una gira de amiguetes en busca de más amiguetes para un congreso que no está ni convocado.