En 1999 el actor Antonio Banderas se puso detrás de las cámaras y puso en movimiento una hermosa melodía llena de poesía, llamada Locos en Alabama. En ella nos enseñaba los entresijos de una sociedad cuyos latidos se iban intensificando en la figura de un niño que cree en la justicia, no por lo que le enseñan sino por lo que le dice el más sencillo de sus sentidos. Esta película que interpreta Melanie Griffith, dirigida por su marido, quien define su experiencia como algo parecido a conducir un Ferrari, y para los que amamos el cine, algo así como descubrir la esencia y capacidad de los humanos para dañar lo que más se nos parece, también nos sirve de fotogramas para añadir a esa extraordinaria iniciativa de Isabel Salgado quien, desde el Ateneo de Ourense, lanza a toda España, con canciones e imágenes, el grito de las mujeres que desean encontrar en los jueces que las juzgan, a «esos pocos hombres que distingan entre la justicia y algo justo». Rostros libres: enterrados pero no muertos. Porque como decía la Griffith en su papel de maltratada: la libertad dura para siempre.