Las hermanas Pilar y Gloria mantienen la tradición familiar de la Confitería Miguel, que abría sus puertas en Ourense en 1973 y en Chantada en 1981
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A Ourense le corresponde en suerte contar con una serie de nombres y establecimientos que se han hecho un pequeño hueco en la memoria colectiva y en la historia íntima de los sentimientos y recuerdos de los ourensanos. Entre estos establecimientos está la Confitería Miguel, un paraíso para el gusto que presume de conquistar a sus clientes con dos argumentos inapelables y que se han mantenido inalterables en el tiempo: el trabajo artesano y los productos de calidad.
Pilar Ávila Beiroa, Pili, sienta las bases de Confitería Miguel desde el primer momento: «tenemos clientes de toda la vida porque aprecian lo que constituye nuestra esencia: el trabajo artesano. Mantenemos nuestra condición de artesanos y elaboramos nosotros todo, desde el hojaldre a los bombones pasando por las tartas o especialidades que se preparan coincidiendo con fiestas y otro tipo de celebraciones». Además «seguimos teniendo los mismos proveedores y trabajamos con las mismas casas de toda la vida, las que ya suministraban a la confitería cuando la llevaban nuestros padres».
De Compostela a Chantada
Y es que en el origen del negocio familiar está todo un maestro artesano, Miguel Ávila Soto, que disfruta de su vida de jubilado tras una más que dilatada trayectoria profesional. Con 15 años entraba a aprender el oficio en una confitería de indiscutible y más que merecido prestigio, la compostelana Las Colonias, y tras pasar por otros negocios del sector en Santiago y trabajar 10 años en la desaparecida Confitería Ramos, de Ourense, abría el establecimiento con su nombre en 1.973. Proyecto que tenía continuidad en 1.981 con la apertura de una confitería con la misma denominación en Chantada.
Miguel y su mujer, María en los registros oficiales y Pili para todo el mundo, lideraron un negocio familiar en el que siempre «estuvimos mi hermana y yo ayudando», recuerda la hija mayor al tiempo que precisa que «a las dos nos gustaba el negocio: yo me metí antes de acabar Magisterio y mi hermana al finalizar COU».
Una vida muy dulce
El negocio familiar que regentan en la actualidad las hermanas Pilar y Gloria Beiroa Pérez da trabajo a once personas y Pili asegura que «los mejores clientes son nuestros empleados», al tiempo que rechaza el tópico de que los artesanos de la confitería no son precisamente los mejores catadores: «éste es un negocio muy dulce en el que es imposible no caer en la tentación».
Su marido, Avelino Fernández Fariñas, Lito, cuestiona esa afirmación al tiempo que su cuñada Gloria, que asiente y complementa siempre lo que dice su hermana, sale al quite recordándole todas aquellas especialidades de Confitería Miguel que lo tienen entre sus principales asiduos. Con 36 años de experiencia, en la confitería constatan que la clientela ourensana es fiel a las tradiciones y a los productos habituales -cañas fritas, lenguas de obispo, tartas de hojaldre, bombones artesanos- se suman, según las fechas, los estacionales «y no das abasto a hacer roscas en Reyes; orejas, filloas y flores en Carnaval; otra vez roscas con huevos de pascua en Semana Santa; mucho semifrío y postres con frutas en verano; huesitos y buñuelos en Santos; los dulces típicos y el turrón artesano por Navidad. En eso los ourensanos no fallan» según reconoce Pili.