Emilio González, de San Xoán de Río, se jubila después de 15 años en la torre
25 sep 2009 . Actualizado a las 12:01 h.«Desde las cero horas de esta misma noche», contesta Emilio González Domínguez . Cuando charlo con él son las doce del mediodía así que apenas lleva medio día jubilado. La coruñesa torre de Hércules, desde hace unas semanas patrimonio de la humanidad, cuenta desde ayer con tan sólo dos fareros, Pedro Pasantes Tajes y Manuel Mosquera , tras la jubilación de Emilio, natural del municipio ourensano de San Xoán de Río.
«Aquí, -señala al faro-, llevo 14 años. Antes, desde 1973 hasta 1995, estuve en la estación Decca». Se me dibuja una interrogación en la cara así que decide continuar. «Se trataba de una sistema de navegación hiperbólica que, a pesar de estar en suelo ourensano, servía para controlar los barcos. Se terminó con la llegada del GPS», recuerda esta hombre entrañable pero poco amigo de las entrevistas.
Está contento de que el reconocimiento de la Torre como patrimonio de la humanidad le haya cogido en activo y duda cuando le pregunto si va a venir habitualmente a pasear por el entorno del faro. «Creo que, además de la vista que hay desde aquí, también es muy bonita la ciudad desde el monte de San Pedro y desde la torre de control del puerto», comenta mientras una señora grita «al autobús». Se trata de la guía de la una de las múltiples excursiones de turistas que cada día, y más en jornadas soleadas como ayer, acuden al faro, donde desde ayer ya no trabaja Emilio.
Hoy va a ser otro día especial porque sus compañeros de la Autoridad Portuaria, entidad de la que depende la Torre, le han organizado una cena de homenaje que tendrá lugar en el restaurante Arribada. Es curioso, se despide en la arribada. Ahí lo tienen, iluminado por la luz de la jubilación. Ahora tendrá más tiempo de pasear con su mujer, Pilar , oriunda de Trives, la tierra de la bica. Nos despedimos. Hace calor.