El jefe de medicina interna del Chou y su hijo, oncólogo, comparten el gusto por los paseos junto al Miño y la pasión por el ejercicio médico
23 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«El quería ser médico por encima de todo e o pai, encantado da vida». Quien habla es Ovidio Fernández Álvarez (San Xoán de Río, 1940), padre de Ovidio Fernández Calvo (Ourense, 1980). El primero es el jefe de medicina interna del Complexo Hospitalario de Ourense y un veterano de la sanidad gallega. El segundo ejerce desde hace unos meses como oncólogo en el mismo complejo hospitalario.
Comparten nombre, sangre y pasión por la medicina. De pacientes y enfermedades hablan con frecuencia, demasiada, en opinión de María del Carmen, la madre y esposa. A ellos les gusta hacerlo en casa y, sobre todo, en sus paseos por las riberas del Miño.
El clan familiar de los «ovidios» combina educación y medicina. A los dos médicos varones se une una hija economista que trabaja en la gestión clínica; una farmacéutica que ejerce en el centro de salud Valle Inclán y otra, farmacéutica y licenciada en tecnología de los alimentos. La madre es maestra, título que también posee Ovidio Fernández padre y que tal vez deje huella en su papel como presidente de la comisión de docencia del Chou. «Os que tiñamos poucos medios -recuerda su etapa familiar de Río- estudabamos por libre e o único que se facía en Ourense era Maxisterio. Fíxeno, pero nunca exercín porque a miña idea de sempre era facer Medicina». En San Xoán de Río, informa, «debemos ser 15 ou 16 médicos». Achaca tal desproporción demográfica a la posible influencia de don Vicente Paz, el médico que era recibido en las casas de Río «como se chegase o Salvador; a min parecíame unha cousa máxica e, ademais, era cariñoso e eficiente».
A Ovidio hijo la influencia le llegó de más cerca. Hizo Medicina en Santiago, el MIR en A Coruña y una estancia en el MD Anderson de Houston que le permite comparar y opinar: «En los tratamientos oncológicos no hay grandes diferencias entre Houston y Galicia, salvo en el precio porque allí es carísimo y aquí es gratis. El nivel de asistencia aquí es buenísimo y donde hay diferencias es a nivel de investigación básica porque allí tienen muchos recursos a través de la sanidad privada».
Al doctor Fernández Calvo le gusta la investigación, pero más aún el trato con el paciente y con la familia. «La gente -asegura- es muy educada; evidentemente, hoy no se reverencia al médico como antes, pero tampoco eso es bueno. Hay que ser naturales y educados y nada más. Y la gran mayoría es muy agradecida». Ovidio padre ratifica esas palabras: «Os enfermos son unha marabilla. Nunca tiven un conflito cun paciente nin coa familia. Antes había adulación ó médico e agora hai respeto mutuo, que é o que ten que ser».
El padre, como internista, puso en marcha en Ourense los primeros tratamientos oncológicos. Y el hijo está ahora integrado en un equipo del que alaba su gran calidad humana y su dedicación a los pacientes. Ovidio Fernández Calvo, que compartía con su padre el temor a trabajar en el mismo hospital -el qué dirán y la relación en sí pesaban sobre ambos-, recibe de él, desde hace años, un consejo insistente: Trabajar y estudiar mucho y tratar muy bien a los enfermos.
Lleva muchos años escuchándolo, igual que una recomendación que el Ovidio veterano transmite a todos sus alumnos MIR: «Primeiro é unha boa exploración e o diagnóstico clínico e despois, a petición ordenada de probas. Nós, co noso bolígrafo, estamos decidindo o gasto, estamos facendo xestión».