La caballería se suma a la batalla

Militares de la brigada Castillejos II con sede en Zaragoza suman desde julio más de 70.000 kilómetros en labores de vigilancia contra incendios forestales en la provincia


Tienen clara su función los militares que participan en el plan «Centinela Gallego». Saben que su papel en la lucha contra los incendios forestales no está ni en la persecución de los delincuentes, ni tampoco en las labores de extinción propiamente dichas. Lo suyo es dejarse ver. Tres personas uniformadas que se desplazan en un todoterreno pesado, un Aníbal Santana de uso militar, que con naturalidad cargan al hombro llamativos fusiles HK del modelo G36E, como si de una acción bélica se tratase, siempre imponen. Sobre todo, a los malos. Tanto se mueven que, sumando las cuentas parciales de cuentakilómetros, acumulan 70.000 kilómetros las ocho patrullas que se mueven en la provincia de Ourense desde que se instalaron a primeros del mes de julio.

El despliegue de los militares en la provincia se centra este año, de acuerdo con los criterios definidos por la Xunta de Galicia, en A Limia, Verín, Viana y sus comarcas. Prácticamente cubren toda la frontera. Son, siempre a salvo de los brotes de la incontrolable locura o ruindad que muestran pirómanos e incendiarios, las zonas calientes. En Ourense corresponde el trabajo a la brigada de caballería Castillejos II, con sede en Zaragoza. A finales de junio llegó una avanzadilla para los asuntos de infraestructura y para establecer o reafirmar los primeros contactos: que si la Guardia Civil, que si los alcaldes, los voluntarios de Protección Civil, los bomberos, la búsqueda del mejor sitio para dormir, o las mesas más apropiadas para la manutención, sin romper los presupuestos. Todo hace falta.

Rutas diferentes cada día

A partir de ahí, los sucesivos grupos de militares que han pasado por las carreteras y montes ourensanos suman kilómetros y kilómetros. Y si en Ourense han sido 70.000 los kilómetros recorridos, en el conjunto de Galicia ronda los 180.000, lo cual ofrece una buena idea del empeño y el interés con el que se lo han tomado. Cada día, además, peleando contra la rutina, buscando recorridos diferentes, horarios y rutas distintas. De poco serviría su presencia su fuese previsible, si se perdiese el factor sorpresa que retrae el delincuente, o al mero infractor. Todo ayuda. Ellos lo saben y actúan en consecuencia.

Han sido unas buenas semanas, decía ayer la sargento Yolanda Flores, en un alto en el camino en el municipio de Baltar. Lleva en Ourense desde el día primero. Patrullan con ella la soldado Patricia Crespo y el cabo Ricardo de la Cal. Cada día, desde Lobios, ida y vuelta, con su buena ración de kilómetros, de monte, de paseo y de comunicación con los vecinos. «La verdad es que nos sentimos bien recibidos. Hablas con todo el mundo y la gente reacciona estupendamente: notas que valoran su presencia», dice la sargento Flores, cuyos compañeros asienten y reafirman sus palabras.

Su presencia, por conocida, ya no extraña. Todo el mundo sabe que están y aparecen en cualquier momento. media campaña, se muestran satisfechos.

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