Desde que hace cuatro años la muralla o lo que de ella queda en Verín fue salvada de caer en manos de las excavadoras para levantar un nuevo edificio, y después de haber sido catalogada como Bien de Interés Cultural, este vestigio local continúa en estado de abandono. La fotografía que hoy se puede tomar sobre le solar al que da la muralla poco ha variado desde que el 2005. Por ser BIC debe tener un entorno decente.
Continúa le cartel que anuncia los pisos de nueva construcción que nunca se levantarán allí; sigue el coche de desguace entre la vegetación y otros restos que para nada ayudan al histórico muro, resto de lo que fue le gran perímetro amurallado de la villa del Támega. Aquel citado por Taboada Chivite en su artículo sobre la vía romana publicado en la revista Guimaraens en 1946. «La calzada salía de Verín coincidiendo con la puerta Norte de la muralla que rodeaba a la villa todavía en el siglo pasado», por el XIX.
Alusiones a la muralla las hay abundantes en la documentación antigua y no tan antigua. De ahí vino el problema surgido cuando se descubrió que el Concello había dado su silencio como respuesta al plan de un constructor. Cualquier forastero que llegue a Verín no podrá contemplar bien el tramo de muralla que goza de tan alta protección. Observará el lienzo desde la calle Elle pero no por su otra cara, la que da a la finca particular. No se respeta su entorno.
De todo lo que fue el recinto amurallado, el propio Chivite escribió en el Boletín de la Comisión de Monumentos: «Por fortuna ha quedado como pieza de museo un trozo de la fortificación en la huerta que poseen los herederos de Benigno Gallego, detrás de la calle Elle, que permite estudiarla de visu. Es un baluarte en ángulo obtuso de 17,50 metros cada lado y servía para defensa del puente sobre el río Támega». Por ser un BIC, debería estar mejor dispuesto para la visita
El 28 de abril de 2005 era entregado en la Consellería de Cultura un informe con el estudio donde se registran, analizan y datan las construcciones de ese solar y para detectar la posible conservación de otras estructuras relacionadas con la fortificación de la villa. La muralla se vio afectada en el siglo XIX por el crecimiento urbanístico.
Venta
En 1849 fue vendida a Gregorio Moreno. En el solar de la calle Elle hay un baluarte del siglo XVII de 17,34 metros de largo al suroeste y de 17,30 metros de largo en la cara sureste. El flanco este mide 9,56 metros y la línea imaginaria que une los dos puntos donde confluyen los baluartes con las cortinas mide 24 metros. El alzado dispone de un muro en talud de 3,10 metros de alto; el parapeto del adarve mide 0,90 metros de altura exterior y 0,70 metros en la interior y su anchura es de 0,90 metros. El paseo de ronda mide 0,80 metros y 0,95 metros de ancho. Del XIX son las construcciones vitivinícolas que hay dentro de la finca, a la que el equipo arqueológico no pudo acceder. En Verín, aunque queda poca muralla, está presente en la toponimia local con ejemplos como Portas de Madrid, Portelo, Tras das Murallas...
Las fases constructivas son una primera bajomedieval, con restos de un posible torreón relacionado quizás con un sistema defensivo previo a la fortificación abaluartada. Otra fase, de la Edad Moderna, en la que las construcciones conservadas se relacionan con la fortificación abaluartada y las reconstrucciones sufridas.
Cuando la muralla se vendió, hubo quienes que se oponían ya que servía para proteger a la villa de las crecidas fluviales. Una carta remitida a la reina pedía suspender la venta. Pero la soberana, el 27 de marzo de 1846 autorizó la transacción. Ese trozo de muralla acabó, en 1851, en manos de Ramón Santa Mariña, quien edificó en ese solar y se cree que conservó el baluarte para defenderse del río.