Tres generaciones de limianos que han hecho de la hostelería en la villa su modo de vida, perpetuándose y profesionalizándolo con una nueva visión
05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.De casta le viene al galgo. Lo que empezó como un comedor de comida casera en plena Guerra Civil, hoy a derivado en dos locales gastronómicos, a punto de ser tres, que ofertan -sin olvidar la tradición gallega- gastronomía tanto a píe de barra como sobre una mesa. Pachanga es el apellido popular que Maruja primero, y luego sus hijos Rosa y Miguel, han aceptado tras décadas gestionando un bar de pinchos mítico en la zona hostelera de la capital limiana.
La historia empresarial de la familia nace por iniciativa de los padres de Maruja. «Miña nai fundou un bar de comida caseira no ano 1.935 na carreteira xeneral -Avenida de Madrid-. Ela facía o que había antigamente, pescado frito, guisos, callos, o carne o caldeiro» recuerda una Maruja ya jubilada y «feliz», asegura una persona que emigró recorriendo varios puntos del territorio español hasta regresar a su Xinzo natal en 1985. Pasaría un año hasta fundaR el bar Pachanga, hoy referente de la cocina a píe de barra en invierno y en terraza durante el verano.
«Cando abrín o bar non lle poñemos nome e a xente empezou a chamarlle Pachanga, facendo referencia a un coche vello que conducía o meu home, algo que coincidiu coa canción de Pachanga, e que quedou para sempre», recuerda Maruja, quien continua recapitulando al decir que «sempre tiven claro que tiña que ser de pinchos como tortilla, croqueta, empanadilla, mexillóns ou ovos recheos, algo ao que posteriormente se engadiu os populares montados de lomo, panceta o solomillo».
Relevo generacional
Con la jubilación de Maruja, Miguel, su hijo, asumió el relevo del local de su madre, a la vez que realizaba una importante reforma en su estructura y menú culinario. Cambios, que dentro de 20 días continuarán creciendo al abrir un comedor en un local contiguo que comunica con su terraza y en el que «daremos comidas e cenas». Una apuesta empresarial que asume con ilusión, al igual que lo hizo hace tres años y medio su hermana Rosa, al fundar la tapería O Peto a muy pocos metros del bar familiar. Un tiempo que Rosa reconoce, ahora, «que foi díficil de por en marcha e botar a rodar», pero que ya es una realidad. Un planteamiento que Rosa, en compañía de Javier Diz, han conseguido «ofertando un menú formado por pratos que antes non había en Xinzo, xa que todo estaba sustentado na carne principalmente. Nós fomos os primeiros que traballamos con algas, ademais doutros produtos vexetarianos, cos que traballamos moito como as setas, pero mantendo sempre a esencia tradicional». Unas palabras que tanto Rosa como Miguel pronuncian bajo la mirada satisfactoria de una madre orgullosa que conoce como pocos la realidad del sector.