El pleno municipal se celebró en la Diputación por obras en la consistorial
09 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En el escaño más alejado de su posición natural se instaló ayer José Luis Baltar en el salón de sesiones de la Diputación. Los andamios en el salón de sesiones del Concello de Ourense exigieron el cambio de escenario para el pleno mensual de la corporación local. A la vecina Diputación se fueron todos. Alcalde, concejales, secretario e interventor, personal del gabinete y hasta policías locales para atender la seguridad que la institución provincial encomienda a una empresa privada.
Y él, José Luis Baltar, con sus florecientes cuatro quinquenios presidiendo los plenos de la corporación provincial, prestó a Francisco Rodríguez un sillón en el que aquél se siente particularmente cómodo, adaptado como está a su cuerpo por aquello de los años compartidos. Se fue a la otra punta, acaso para escenificar su deseo de no hacerse notar en la política local. Sus intervenciones en los plenos municipales son algo excepcionales. No se prodiga. Su papel es otro y se muestra disciplinado.
Recibió como el mejor anfitrión. Ofreció la casa y se mantuvo en su línea. Ni un pío, a pesar de que nuevamente volvieron a salir asuntos de la institución provincial en los debates del Concello de Ourense, que siempre gusta al concejal de hacienda, Agustín Fernández Gallego, buscar reflejos y comparaciones. En su casa.
Qué pensaría el anfitrión, José Luis Baltar, como quien dice ayer de visita en su Diputación, cuando el edil del PSOE, en su enésima partida de ping-pong con el popular Javier Rodríguez Nóvoa a cuenta de los gastos de personal y el recurrente despilfarro institucional, en esta ocasión por la contratación de la nueva concejala no electa de personal, puso el acento en los buenos sueldos de que disfrutan los jefes de negociado de la Diputación ourensana. Y, a modo de ejemplo, que la directora del Principal cobra más que cualquier político del Concello; aparte del alcalde, claro. Qué cosas.