El proyecto pretendía eliminar intermediarios, aumentar los beneficios del agricultor, buscar canales de comercialización e impulsar nuevos cultivos
29 mar 2009 . Actualizado a las 03:00 h.Corría el año 1998 cuando en la Consellería de Agricultura, que entonces presidía Castor Gago, comenzó a pergeñarse un proyecto que buscaba ser el revulsivo para dinamizar la actividad agrícola y ganadera en Verín y su comarca: la lonja agropecuaria.
La idea era ambiciosa y Verín sería además la pionera de una red que se esperaba implantar en toda Galicia. Se trataba de crear un espacio en el que el agricultor pudiese beneficiarse de la venta de su producto eliminando intermediarios innecesarios, en base a un funcionamiento similar a las lonjas de pescado, pero con algunas diferencias respecto al modelo costero. La principal era que la actividad puramente comercial se completaría con acciones encaminadas a promover incluso nuevos cultivos -aquellos que tuviesen más proyección en los mercados- la unión de productores para dar salida conjunta a sus productos en canales de venta concretos o más especializados.
Objetivos ambiciosos
Técnicos y políticos fueron desgranando durante los meses siguientes los contenidos. Se habló de canales específicos para la venta de productos ecológicos, de promover el cultivo de cebollas, de cereales, patatas, viñedo, flores, frutas y hortalizas y hasta setas. También de ganado, de visitas a otros proyectos similares, de sistemas informáticos que permitiesen conocer los precios de la lonja en tiempo real en Internet... Y según fueron pasando los meses de volúmenes de negocio previstos, de atraer a productores de otras comarca e incluso de Portugal.
En este último aspecto sí se cumplieron expectativas, y años después los gestores reconocían que buena parte del escaso dinamismo de la instalación se mantenía gracias a la actividad de los vecinos portugueses.
En octubre de 1999 la consellería recibía las propuestas del concurso de ideas para materializar el proyecto y en enero de 1999 se seleccionaba la presentada por la empresa Expoagro, que planteaba un edificio de más de mil metros cuadrados -900 de superficie útil- con un presupuesto que rondaba los cien millones de pesetas. En junio todavía no se había ejecutado la obra pero pero se prometía su funcionamiento para finales de ese año. En septiembre el alcalde, Jiménez Morán, reconocía el retraso de las obras que seguían sin comenzar.
Retrasos constantes
En junio del 2000 el concello comenzó a elaborar las bases para sacar a concurso la explotación, que todavía estaba sin finalizar, y aunque la inauguración fue el 13 de septiembre -a cargo del presidente de la Xunta, Manuel Fraga- agricultores y ganaderos siguieron esperando para utilizarla. En noviembre se adjudicó la gestión a la empresa Hortalisa, que en enero del 2001 planteaba reformas en el interior del edificio para optimizar espacios. En julio comenzó a funcionar y el primer balance de actividad, dos meses después, arrojaba las cifras de 22 agricultores usuarios y 20.000 kilos de patata, 15.000 de judía, 2.500 de tomate y 3.000 de pimiento vendidos.
A partir de ahí prácticamente nada salió como se preveía y los titulares de prensa van referenciando un rosario de críticas. Las de la oposición a Jiménez por el funcionamiento deficiente, la del propio Castor Gago (promotor de la idea) que años después de dejar la consellería, en 2004, culpaba a la empresa de la mala gestión, y las de la propia concesionaria por falta de apoyo institucional para involucrar a los vecinos, amenazando con dejarlo ya en mayo del 2005.