El PP achaca el cese de Candal a la falta de diálogo con ellos

OURENSE

Sin sorpresas. María Jesusa Candal se convirtió ayer en la nueva regidora de Vilamartín. Lo hizo gracias a los seis votos de su grupo (al que se incorporó al inicio de la sesión Enrique Álvarez, que cubre la baja de Manuel Candal en la corporación), frente a los tres de Santos Prada (faltó una de las ediles de del PSOE). Xosé Antón Rodríguez, del BNG, decidió no postularse para el cargo, alegando que «o meu grupo xa presentou candidato nas pasadas elecións» y calificando de «tomadura de pelo» la situación que se ha vivido en Vilamartín con el cese del que había sido su alcalde durante los últimos 36 años.

Recontados los votos por la mesa de edad que lideraba Antonia Valeiras, ella misma entregó el bastón de mando a la nueva alcaldesa, que tomó la palabra. Tras agradecer a sus compañeros de grupo «su apoyo» tendió la mano a la oposición para trabajar juntos «por nuestros vecinos», ofreciéndoles «diálogo». Un diálogo que no permitió en su primer pleno como regidora, ya que acto seguido levantó la sesión. Fue entonces cuando un sector del numeroso público congregado en el consistorio le dedicó un aplauso.

Terminada la sesión, el grupo popular finalmente se decidió a dar una explicación sobre el cese de Candal. El modo escogido fue un comunicado. «No vamos a desmerecer la habilidad del señor Candal intentando desviar hacia su grupo de gobierno la verdadera problemática que vino sufriendo el Concello durante los últimos meses haciéndoles parecer ante la opinión pública como traidores y culpables de todo lo sucedido», empieza. Y continúa: «El grupo del PP no buscó nunca esta situación ni el enfrentamiento con el señor alcalde, la situación la produjo él con sus constantes actuaciones fuera de contexto, descalificando continuamente las actuaciones de sus concejales y dejándolos al margen de prácticamente toda la actividad municipal».

Los ediles populares acusan a Candal de «manipular» la realidad «de tal forma que los buenos sean los malos»; y consideran una «tristeza» que «una persona con una trayectoria política tan encomiable y digna de admiración acabe de forma tan poco ética a base de mentiras, descalificaciones y continuos desatinos hacia su equipo de gobierno, aprovechándose incluso de su cargo público para elogiar o desprestigiar, según el caso, a su propia familia». Achacan esta situación a «sus problemas personales» así como a los «consejos desacertados de algunos de sus 'mejores amigos', que no le dejaron ver la realidad».

Terminan su escrito respondiendo a las críticas del propio Candal, en las que les calificaba de «enemigos y traidores» preguntándose quién es el traidor, «¿el que no respeta en absoluto las ideas de sus compañeros de grupo de gobierno y actúa constantemente de forma unilateral, solamente por llevar la contraria y sin tener para nada en cuenta los intereses generales del municipio, o el que intenta constantemente el diálogo en busca de las mejores soluciones?».