. Con gran devoción y envuelta en un ambiente de festividad y fervor cristiano, la ermita de Covas de Lobo, situada a dos kilómetros de la localidad de Piñor, revivió ayer los actos religiosos en honor a San Benito, y que cada año reúnen a multitud de creyentes de toda la provincia. Niños y mayores se agolpaban a los pies de la imagen del santo, mientras las ofrendas y oraciones no cesaban, del mismo modo que el ir y venir de los coches y los caminantes en peregrinación al santuario. Echando de menos la mirada vigilante de protección civil, cuyos servicios no fueron cubiertos por el Concello pertinente, y agradeciendo la inexistencia del calor sofocante de citas pasadas, la jornada transcurrió sin incidentes, y donde se pudo disfrutar además del sabor del pulpo.
Cinco misas matutinas de rigor fueron el preludio de la esperada procesión, que salió puntual de la ermita y la rodeó presidida de la cruz y el estandarte, encargados de abrir paso a la figura de San Benito, que se turnaba en hombros de todo aquel que se ofrecía a su amparo. Las misas vespertinas fueron el colofón final de un evento que, mediante las lecturas pertinentes de honor al santo, congregaron tanto a fieles como a sacerdotes de distintas parroquias del entorno.
Aquilino Rodríguez, párroco de San Lorenzo de Piñor, aprovechó la ocasión para anunciar el deseo de remodelar el vial cercano a la ermita, y que permitiría el acceso a la a la popular piedra de «O Tangaraño», a la que antaño acudían las madres para rogar la curación de sus hijos enfermos a través de su paso por un agujero en su interior.