El cambio de sistema al 4-4-2 era una apuesta importante de Manolo Tomé en la contienda que enfrentó al Ourense con el Real Madrid B en Valdebebas, pero si al entrenador no le ha gustado la actitud de sus jugadores, lo cierto es que el equipo no ha ofrecido solidez alguna con ese posicionamiento.
El de Moaña ya había trabajado a lo largo de la campaña con esa opción, pero siempre se había decantado por la línea de tres volantes adelantada al doble pivote. Si los portugueses Álvaro y Azevedo parecían llamados a la titularidad como atacantes, Tomé siempre había decidido pegar al primero a una banda para aprovechar su velocidad, toda vez que parece quedarse sin campo y sin muchos de sus recursos cuando su posición es muy avanzada.
Precisamente la velocidad de Juan Estévez parecía su mejor baza para acceder al once titular, pero la línea de cuatro en la medular no funcionó y, lo que es peor, las soluciones instantáneas tampoco causaron efecto positivo alguno.
Si bien, la expulsión de Rives, ya en la primera mitad, trastocó muchos de los planes del cuadro técnico, el recurso de situar como central a Yebra, antes de que Pablo Ruíz entrara mermado por la lesión que sufre en un pie, no bastó para ganar en agresividad defensiva.
Y sin esa actitud, el desconcierto se apoderó del conjunto sin mayores esperanzas a lo largo de la segunda mitad, ni repunte alguno con los cambios. Después de encajar sólo siete goles en las once jornadas anteriores, Taranilla tuvo que recoger cuatro de sus redes, pese a su brillante actuación.