La obra más destacada del gobierno del PSOE en O Barco está a punto de iniciar su último viaje y entre los vecinos, como entre los partidos, hay opiniones diversas
11 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Sábado mediodía. Es un otoño caluroso pero no hay que fiarse del sol de noviembre. Tres señores entrados en años descansan a la sombra en el jardín botánico del Malecón barquense. Entre ellos y el banco de piedra han colocado cartones. El frío no es bueno para los riñones y celebran que el Concello vaya a sustituir estos bancos por unos de madera. «É o que ten que facer o señor alcalde, que por esta zona lle votamos moitos», asegura uno de ellos, que se ha acercado a participar de la conversación. La pregunta es si les gusta como está quedando el Malecón. Un madrileño responde: «No hay sitio igual en ningún pueblo de Galicia». El gallego que está sentado a su lado prefiere esperar a que se acabe la obra para opinar pero advierte: «Non se pode dar gusto a todos». Eso seguro.
El Malecón barquense vuelve a la actualidad porque el Concello acaba de aprobar el proyecto de reforma del último tramo y con bastantes críticas de la oposición, que llegó a calificarlo irónicamente como «la gran obra del alcalde». PP y BNG coinciden en que el resultado tras años de obras es mucho cemento y poco espacio para el esparcimiento, sobre todo el de los chavales de más de 10 años. El alcalde, Alfredo García, respondió que a orillas del río quedarán 20.000 metros cuadrados precisamente para eso. ¿Y que dicen los vecinos?
María del Carmen cuenta los parques y concluye que son más que insuficientes. «Mi hija prácticamente no tiene dónde jugar con sus amigas y destaca la alta natalidad de O Barco. Carlos coincide en este diagnóstico mientras empuja el carrito con uno de sus hijos. «Hay muchos niños y poco espacio para ellos». Su amigo Fernando es más crítico y señala la sucesión de jardines centrales que hay en la zona próxima al Teatro Lauro Olmo. «Podían haber hecho los jardines abajo, todo este espacio (el que une los dos parques infantiles) podría ser espacio abierto para los chavales». También critica que no se haya seguido el plan inicial de hacer un carril bici desde el Casino. «Ahora van a hacer uno de cuánto, ¿300 metros? Eso es para niños pequeños con monopatines, lo mínimo tienen que ser 3 kilómetros, ».
Ese carril bici estará en el último tramo, donde se van a anchear las aceras, construir una rotonda, cambiar la barandilla de piedra por otra de forjado y poner iluminación en el jardín botánico. El carril bici irá desde el final del Malecón hasta el aparcamiento por la orilla de la carretera, no junto al río, como se planteó en el proyecto inicial, aquel de hace tantos años como los que el centro barquense lleva soportando reformas. En unos meses veremos el resultado final. De momento es sábado al mediodía, a esta hora en los kioskos del Malecón es difícil encontrar según qué periódicos y las terrazas que aún se atreven a sacar sus mesas están llenas. En el parque infantil hay padres ojerosos empujando los columpios con más resignación que entusiasmo y mucha gente mayor pasea bajo los plataneros recién podados. Lo dicho, «non se pode dar gusto a todos».