Se advierte a las autoridades, periodistas y demás agentes de lo público que como la tradición siga este rumbo, dentro de unos años en el Madrugón de O Barco se va a pasar lista. O sea, que a las ocho de la mañana del día grande del Cristo todos en pie y a orillas del Sil para animar a los valientes o unirse a ellos. Como ya hace el concelleiro de Deportes barquense, José Martin, que lleva cuatro años cubriendo los quinientos metros a nado que hay desde el puente de San Fernando hasta el Malecón. Él aseguraba hoy que el agua estaba «buenísima». «Ja», pensaban desde la orilla los que van a mirar, que también son bastantes.
Este año hubo récord de participación: treinta y tres varones y dos mujeres. A las ocho en punto, una bomba de palenque lanzada desde la meta retumba en el aire. Es la señal así que, todos al agua. Los más rápidos tardan cinco minutos. A los más lentos puede llevarles un cuarto de hora pero gozan de una ventaja. Tras ellos va la lancha escoba con la ropa y las toallas así que los que tenían tanta prisa deben secarse al aire hasta que llega el último.
Hay trofeos para los ganadores. En chicos ayer fue un triatleta, en chicas una valiente como el resto. Algunos llegaron directamente de los bares y lucieron calzones para ejercer su derecho al Madrugón. El caso es que con trofeos o sin ellos el ambiente es divertido. Algo diferente. Para repetir el año que viene. Esos eran los comentarios en el momento del chocolate con churros que reparte el Concello a la llegada. Esta tradición tiene más de veinte años y parece que comenzó como un reto entre amigos. Dentro de poco seguro que coloca a O Barco en el calendario de pruebas curiosas e imprescindibles.