Sesenta docenas de huevos, a la mesa

C. Paradela O CARBALLIÑO

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Reportaje | Exaltación gastronómica en Santa Uxía de Lobás El pintor Camilo Caamaño realizó una exaltación de Mosteiro y de su riqueza patrimonial, que en la actualidad se encuentra en estado de ruina

30 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?A quién no le gusta el huevo frito con patatas?. Es la pregunta que desde hace años se hacía Xosé Muleiro, presidente de la Orden dos Cabaleiros do Mosteiro en la parroquia carballiñesa de Santa Uxía de Lobás, y ayer encontró la respuesta. Las previsiones de la organización de la primera fiesta del huevo frito superaron todas las expectativas al reunir a casi trescientos comensales en las ruinas del monasterio para degustar, por el módico precio de 6 euros por plato, dos huevos fritos con patatas y chorizos, pan de Cea y vino. Existía también la posibilidad de tomar pulpo á feira, pero fuera del menú. A disposición de las dedicadas cocineras, vecinas de Mosteiro que desde primeras horas de la mañana se dedicaron a freir la comida ignorando las continuas salpicaduras de aceite y el intenso trabajo, sesenta docenas de huevos caseros adquiridos en la misma parroquia, cien kilos de patatas y medio millar de chorizos, más ochenta piezas de pan de Cea. El programa de la exaltación del huevo frito se inició a las 13.00 horas con una misa solemne para dar paso a continuación a la fiesta gastronómica amenizada por la charanga Os brasas de Ourense. El pintor, Camilo Caamaño, natural de Cangas, realizó a la conclusión de la comida una exaltación de Mosteiro y la riqueza de su patrimonio, que desgraciadamente se encuentra en ruinas. Recuperarlo y ponerlo en valor, concienciando a las autoridades, estuvieron representantes municipales del PP, BNG y PSOE es precisamente el objetivo de la Orden dos Cabaleiros do Mosteiro, formada en la actualidad por veinticinco personas de Ourense y Pontevedra principalmente aunque también residentes en el extranjero. Muleiro enumera la citada riqueza en las ruinas del monasterio, elegido como escenario festivo o la existencia de casi una veintena de molinos en apenas una distancia de tres kilómetros.