De paseo
27 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.José Sueiro Martínez y Antonio Vázquez Martín se convirtieron ayer en protagonistas gracias a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y a la federación de enseñanza de Comisiones Obreras de Ourense. Ellos, que fueron tras la Guerra Civil testigos directos del magisterio español, representaron a los maestros perseguidos durante la contienda y la posterior dictadura. Álex Portela, uno de los organizadores, recordaba que estos dos ourensanos fueron fruto del plan profesional de la Segunda República y que sus carreras las vino a desbaratar la guerra. Así, llegaron a las aulas en pleno franquismo y hoy son testimonio vivo de la docencia de esa época. Y también de la que vino después. El primero se jubiló en el colegio de Mende. El segundo, en el Curros Enríquez. El objetivo de este homenaje, en palabras de otro implicado, José Cabañas, era el siguiente: «Hacer una mínima justicia a las víctimas de la barbarie y la ignominia, a quienes se comprometieron con su país para sacarlo de la ignorancia y el analfabetismo, a aquellos cuya causa fue el acceso de todos a la educación y la cultura». Para los Sueiro la enseñanza es cosa de familia. José Sueiro es hijo de Manuel Sueiro, que dirigió la Academia General, fue perseguido, enviado a prisión e inhabilitado para la docencia. Es, además, hermano de una mujer con renombre en la enseñanza ourensana, la ya fallecida doña Pacita, a la que recuerdan los centenares de ourensanos que pasaron por el colegio Sueiro, en la calle Parada Justel. Y ayer estuvo arropado por su sobrino Gonzalo Iglesias Sueiro, delegado de Educación en Ourense. Cuestión de genes. El otro protagonista, Antonio Vázquez Martín, fue presentado en el acto celebrado en el Centro Cultural de la Diputación por su yerno, el también maestro (y ahora subdelegado del Gobierno en Ourense) Camilo Ocampo. El que no pudo estar en el acto fue Genaro González Martín, de Bande, que ya ejercía en la república. La organización tenía prevista su presencia pero no pudo asistir. Se pasó el documental La escuela fusilada. Y tras la proyección, llegó el momento del diálogo entre protagonistas y asistentes. En él participó el decano de Educación, Xosé Manuel Cid, que, aunque maestro, ejerce su vocación de historiador. En poco días saldrá a la calle el libro Memoria e escola en el que él y otros autores repasan tres generaciones de maestros laicos. «E a última é a dos que sobreviviron ao franquismo e dela forman parte Pepe e Antonio. Hai que destacar o seu tesón e entusiasmo porque, sin poder facer aquelo no que crían, foron introducindo a renovación pedagóxica». Complicidad al piano Muy cerca, en el Teatro Principal, mientras se desarrollaba el homenaje, sonaba un piano. A cuatro manos. Eran dos profesores del conservatorio, Xoán Manuel Iglesias y Carlos Iglesias, participando en el ciclo de conciertos organizado con motivo del cincuenta cumpleaños del centro. Las paredes del conservatorio -del actual y de las sucesivas sedes- han sido testigos de muchas historias a lo largo del último medio siglo. Xoán Manuel explicaba a La Voz por qué vivió la cita con especial emoción. «Para min é un orgullo participar na celebración do aniversario. En primeiro lugar porque no ciclo de concertos hai músicos moi importantes aos que eu admiro. Pero tamén porque o meu compañeiro foi meu profesor no conservatorio. E aínda que agora somos colegas, para min sempre será o meu profesor», aseguraba. Pero es que la otra mitad de este dúo, Carlos Iglesias, también vivió con intensidad la jornada: se sentaba al piano con un antiguo discípulo que ahora es, precisamente, profesor de piano de su hija. Un instrumento, tres generaciones.