DE REOJO | O |

13 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

DIJO Adolfo Domínguez en La Voz que le gusta la gente gorda. Y yo tengo mis dudas. Que se haya sacado del lápiz una línea para gordas (porque es ropa para gordas por mucho que lo haya bautizado como ropa plus) no significa que le guste la gente gorda. Que haya abierto una tienda en la que las tallas van de la 44 a la 56 (una tienda independiente de esa en la que vende ropa para delgados, o para menos gordos) no significa que le guste la gente gorda. Ni siquiera es necesario que le guste. No hace falta que recoja la bandera que enarbolaba Javier Gurruchaga al frente de la Orquesta Mondragón para estar legitimado para vender ropa para gordas. Puede hacerlo sin declaración de intenciones, sin credos de una obesidad que, es evidente, no le hace demasiada gracia. Lo lógico sería que un diseñador no tuviera inspiraciones diferentes según la talla. Lo lógico sería que no tuviera que distinguir entre flacos, gordos y regulares a la hora de vender pantalones. Para eso están las tallas, ¿no? Lo lógico sería que la mujer que usa una 46 (o una 48 o una 50) pudiera ir a comprar ropa a la tienda del diseñador sin necesidad de esperar que se abriera uno de esos establecimientos llamados, de forma políticamente correcta, de tallas especiales. Lo lógico sería que una consumidora que usa la talla 46 pudiera comprarse los mismos pantalones, pero más grandes, que su amiga, que lleva la 38. Pero es que las tallas plus de Adolfo Domínguez -el diseñador ourensano es sólo un ejemplo- se corresponden a una colección distinta a la colección, entre comillas, normal. Quizás por eso es hora de reclamar un Ikea para gordas. La firma sueca, que rompió moldes en la decoración demostrando que lo barato no tiene por qué ser feo, podría inspirar una marca de moda que demostrase que los gordos no tienen por qué vestir diferente.