DIAGONAL | O |
29 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LA ASOCIACIÓN de empresarios de Valdeorras ha dado un paso al frente en la lucha contra la piratería y contra el fraude, al denunciar con nombre y apellidos a un vecino de la comarca que desarrollaba, al parecer, una actividad comercial de forma poco convencional y ortodoxa, vendiendo en su propio domicilio ropa y calzado de marca (falsa, dicen, como los billetes de quince euros) al margen de los cauces normales. Dicho de otro modo, compraba no se sabe dónde, sin que se sepa tampoco a quién, ni por cuánto dinero, según las informaciones oficiales. Y como no pagaba ni impuestos por actividad industrial conocida, ni tampoco las cuotas de la asociación empresarial, a la que tampoco estaba afiliado, que los submarinistas son gente muy suya y van por libre, en la asociación empresarial valoraron que aquello era competencia desleal y lo denunciaron. Correcto. Más que opinar sobre las distintas varas que en ocasiones utiliza la administración para perseguir, o censurar, las irregularidades que cometen particulares o empresas, lo que el proceder de los empresarios de Valdeorras es una reflexión sobre elección de cauces. Frente a quienes difunden comunicados, amenazan con escritos y anticipan que acudirán a no se sabe qué ventanilla o qué despacho para pedir que se investigue y bla bla bla, por vericuetos que pueden conducir al despacho del Valedor do Pobo, o a la oficina de información al consumidor, (con mis respetos y mis mejores deseos para el año nuevo), los empresarios han ido a la Guardia Civil. Directos; sí, señor. Investigación y al juzgado: luz y taquígrafos, para acusar y para defenderse. El camino es el correcto. Buena nota pueden tomar los habituales del juego de tirar piedras y esconder maños. Y, ya puestos, si sabemos de alguien que trafica con puestos de trabajo y miserables sueldos en condiciones infrahumanas, que de todo hay, pues a por él.