Vid y olivo

OURENSE

DIAGONAL | O |

10 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

TENEMOS EN esta provincia vinos blancos que, en su categoría, se codean con lo más reconocido del mundo. La idiosincrasia del ourensano hace que sean no pocos quienes pasman con los frutos de otros pagos, aun cuando objetivamente no sean mejores, pero, eso sí, llegan mejor envueltos en aparatosas campañas de promoción, mientras aquí andamos, andan, más preocupados por el haiga del vecino y por las miserias domésticas, pueblerinas, sin querer ver el glorioso horizonte que está ahí mismo. Qué se le va a hacer si somos así. ¿Quien con más de cincuenta años, incluso más joven, no recuerda aquel latiguillo, que no sea San Martín , que llevaba pegada la solicitud de una cerveza en un bar? Tal vez hoy hubiese sido de otro modo y la hubiéramos defendido como algo nuestro, con el orgullo que ha permitido mantener a flote marcas y productos. Pero aquí murió. Ocurre que una empresa ourensana, Aceites Abril, ha decidido dar un salto, plantar cuatrocientos olivos y reinventar el aceite ourensano. Y lo han hecho con un número importante de plantas, para poder experimentar cómo sería un virgen extra de Ourense. Ni Montes de Toledo, ni Jaén, ni Sierra de Cazorla, ni siquiera la vecina Quiroga, que es, por estas tierras, donde primero han tomado la iniciativa. De Paderne, ahí es nada. Me gusta el aceite de oliva virgen extra. En crudo y sobre un buen pan tras un golpe de tostadora. Es un manjar. Que aquí al lado alguien haya tenido la bendita idea de plantar varios centenares de olivos y que hayan apostado por la variedad arbequina, que es la misma que emplean en las cooperativas de la catalana comarca de Les Garrigues donde se elabora el aceite de oliva del que diariamente disfruto, anima. Y resulta gratificante. Es un mundo por explorar, tan atractivo como el del vino, que merece de todo el apoyo. Por puro egoísmo. Personal y colectivo.