Hambre

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

TEMAS DEL PAÍS | O |

25 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

HEMOS celebrado recientemente el Día de la Pobreza y la Semana de Movilización contra la Pobreza, centrados en el hambre, ese jinete del Apocalipsis que dio título a la más famosa novela de Knut Hamsun. Ha sido un aldabonazo más de una serie iniciada paradójicamente en la opulenta década de los años 60 del pasado siglo. En ella, comenzó la Campaña Mundial sobre el Hambre; John Steinbeck publicó su novela quizá más famosa, Las uvas de la ira esbozada sobre el hambre de la Gran Depresión de los Estados Unidos; John F. Kennedy -en uno de sus discursos, de la Nueva Frontera- dijo que «la guerra contra el hambre es verdaderamente la guerra de liberación de la humanidad»; y, por último, Juan XXIII dijo en su Encíclica Mater et Magistra: «todos nosotros somos solidariamente culpables de que los pueblos padezcan por escasez de alimentos», siendo reduplicado luego a renglón seguido por la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, que dice a su vez: «los hombres están obligados a ayudar a los pobres y, por cierto, no sólo con los bienes superfluos».