El espía

OURENSE

DIAGONAL | O |

13 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ALGUNA QUE otra coña, con mejor o peor intención, habrán tenido que soportar los empleados de ese pub ourensano cuyo responsable, a pecho descubierto, mantiene un servicio de cliente espía , que, como probablemente el lector sabrá, se traduce en un informe detallado de cada visita que el peculiar inspector hace al establecimiento disfrazado de consumidor, y pide un café, una cerveza, o un carajillo con hielo, sólo por ver la calidad del mosqueo del personal. De lo que se trata, con acciones como esa, es de avanzar en la prestación del mejor servicio posible, de eso que convenimos en llamar calidad y que, de un tiempo a esta parte, es motivo de charlas, conferencias, programas, pegatinas, certificaciones e iniciativas varias en el comercio. Cuanto se haga, sobre todo para mejorar las formas de quienes han de lidiar cada día con un público por momentos más exigente, es poco. Ocurre, sin embargo, que, para desgracia de casi todos, serán quienes ya están en la senda acertada los que intenten mejorar. A los otros les seguirá dando igual. Y si, por ejemplo, entras en una pastelería, aparte de que te gusten sus bombones porque sólo hay otro cliente y seguro que te pueden atender rápido, se te cuela alguien que desde la puerta ya entra pidiendo una palmera y sin darte siquiera tiempo a abrir la boca ya está con el dinero en la mano, lista para pagar, no sin antes dejar un huy, perdone, que estaba usted antes , (que suena a je, je, disculpe que le haya metido el dedo en el ojo), se te pone cara de guasa. Pero es que si las dos empleadas, dueñas, asalariadas, o lo que fueran las dos personas uniformadas que estaban tras el mostrador, se ponen de cháchara con la clienta, como si tal cosa, te vas. Luego resulta que la Cámara tiene que ampliar el plazo de inscripción en su programa de mejora del comercio minorista. Por falta de interesados. Normal.