En directo | La Vuelta a España regresa a Ourense Valdeorras vivió ayer unas horas de expectación con una de las grandes pruebas internaciones de ciclismo. Todos querían ver a Pereiro, pero pocos lo consiguieron
02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?a Vuelta llegó puntual a su cita con Valdeorras. Diez años después de su última visita a la provincia ourensana, la prueba ciclista más importante de España pasó fugaz por los municipios de Carballeda de Valdeorras, O Barco, Vilamartín y A Rúa. A pesar de que las previsiones se cumplieron y el grupo de corredores formaba un pelotón compacto que pasó fugaz por la zona, los vecinos de la comarca se echaron a la calle para disfrutar del espectáculo. Todos querían ver a Óscar Pereiro. «Ese que gañou a volta a Francia», explicaba un efímero aficionado al ciclismo en O Barco, cuya pasión por este deporte duró los diez segundos escasos que tardaron en pasar todos los corredores en carrera por la villa. Otros más duchos en la materia, sí mostraban verdadera ilusión por ver al corredor gallego, más solicitado que nunca tras su triunfo en el Tour. Eso sí, reconocían su discreto estado de forma: «Non creo que gañe, non se lle ve moi ben», decía uno. Al final, pocos consiguieron distinguir a Óscar Pereiro entre el nutrido grupo de corredores. Cámara, o móvil, en mano, todos trataban de retratar su paso por la villa, aunque la velocidad lo impidió en la mayoría de los casos. «Pasan como foguetes», resumía una señora. La Vuelta comenzó a notarse en O Barco a las 9.00 horas, cuando llegó una camioneta de la organización para instalar la meta volante frente al Concello. Hora y media después comenzaron a pasar a toda velocidad los vehículos de Unipublic, las motos de la Guardia Civil y, por fin, los ciclistas. La meta fue retirada media hora después y la villa volvió a la normalidad, como si nada hubiera pasado. Por cierto, el francés Sébastien Minard, del equipo Cofidis, fue el más rápido en el esprint puntuable barquense. La Vuelta siguió entonces su camino por la carretera vieja, pasando por las travesías de Arcos, Vilamartín de Valdeorras y A Rúa, provocando idénticas reacciones, aunque sin la emoción de la meta volante. Los ciclistas tomaron después la Nacional 120 hasta perderse camino a Lugo, dejando un sabor agridulce a los valdeorreses, que hubieran deseado un final de etapa aquí.