Reportaje | La vida en la residencia juvenil de la Xunta en Ourense Lleva el nombre de Florentino Cuevillas, está situada en pleno centro de la ciudad y es el primer paso en la independencia de sesenta estudiantes universitarios
24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?on las nueve. Es la hora de la cena en el número 2 de la calle Arturo Serantes. A la mesa, dispuestos a dar buena cuenta del menú -sopa y pollo con patatas-, se sientan sesenta personas. ¿Familia numerosa? Así es. Son los estudiantes que viven en la residencia Florentino Cuevillas, la única en la provincia de Ourense dependiente de la Xunta y que está a punto de transformarse, con la llegada del verano, en albergue internacional para jóvenes en el se hospedarán, entre otros, los hijos de emigrantes que participen en el programa «Coñece Galicia». Pero eso será en julio. Por el momento sus habitantes siguen siendo alumnos del campus universitario procedentes de algunas localidades ourensanas, como Xinzo o Viana, del resto de Galicia -llegan desde Vigo o A Coruña- e incluso de otras comunidades. Informática Son jóvenes que decidieron estudiar la carrera en Ourense y que, en la mayoría de los casos gracias al boca a boca, encontraron en esta residencia ubicada en la parte superior de la plaza de As Mercedes de la capital un lugar ideal para vivir. Es el escenario de la primera independencia de alumnos de Derecho, Empresas pero, sobre todo, de Informática. La residencia es mixta y oferta 68 plazas, en habitaciones individuales y dobles, por 250 euros al mes. Los chavales desayunan, comen y cenan en el centro, de lunes a viernes. Los fines de semana, si no se van a casa, improvisan. Disponen de biblioteca, salón de actos y sala de informática, aunque no todos la necesitan porque gracias al sistema wi-fi pueden conectarse a la Red desde su propia habitación. El director de la residencia, Manuel Amil, certifica el buen ambiente que se respira en pasillos, habitaciones y lugares comunes. «É unha experiencia moi positiva para os mozos dende o punto de vista da convivencia», explica. Muchos se quedan durante toda la carrera y no se plantean trasladarse a un piso, inmueble de deseo para muchos universitarios. Básicamente, apunta Amil, por la comodidad de no tener que hacer la comida todos los días, por la libertad de la que disfrutan y porque, insiste, «aquí hai moi bo rollo».