La vista la ejercitó el público en la caseta de los hemofílicos. Un pintor con nombre propio y vitola, Alexandro, donó a la asociación 150 serigrafías, firmadas y numeradas, para recaudar fondos. A pie de stand, explicaba sus motivaciones: «As institucións non axudan o suficiente nin ós hemofílicos nin a ninguén e sempre somos os artistas os que temos que axudar a esta xente. É algo que se fai con moito cariño porque os organismos oficiais prefiren lavarse as mans. Ó mellor, se os responsables das institucións tivesen un fillo hemofílico ou con síndrome de Down comprendían mellor as razóns polas que hai que colaborar». Además, los doctores Villalón y Golpe ofrecieron unas charlas muy familiares sobre la higiene dental y el cuidado de la enfermedad a sendos grupos de socios. Más familiar aún era el ambiente en la caseta de Dédalo, la asociación de ayuda a niños y jóvenes con trastornos de conducta e hiperactividad. Los padres de un chico afectado atendían afectuosamente y lamentaban, con una sonrisa en los labios, que, por falta de apoyo, el local de la asociación fuese su propio domicilio.