Ilustrísimo señor Toñito

Pepe Seoane OURENSE

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Crónica | Cincuenta años en la administración Antonio Muñiz cumplió ayer en el INSS medio siglo de actividad laboral, iniciada a la temprana edad de 14 años como botones del Instituto Nacional de Previsión

20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?incuenta años de trabajo cumplió ayer, precisamente ayer, Antonio Muñiz, Toñito , en el Instituto Nacional de la Seguridad Social. Pocos funcionarios habrá en Ourense en activo en similares circunstancias. Es el jefe de la unidad de personal subalterno de este departamento de la administración central y antes que conserje, pues de eso se trata, fue botones, ordenanza de tercera, de segunda y de primera. Un cuñado que ocupaba un puesto de responsabilidad en lo que entonces eran Instituto Nacional de Previsión le allanó el camino de entrada. Y ahí sigue. La perspectiva de un trabajo para toda la vida y un sueldo, con lo que ello suponía de disponer de dinero propio en unos tiempos que no eran precisamente de abundancia generalizada, fueron argumentos suficientes para que Toñito , entonces y ahora con el cariñoso diminutivo, aceptase el rígido uniforme. Se propuso, dice, intentar estudiar por las noches, pero abandonó muy pronto. «Iba a una academia por las tardes, pero a medida que pasaba el tiempo, me desanimaba. Y lo acabé dejando. Tampoco es que fuese excesivamente ambicioso». Lo lamenta, de todos modos, pues es consciente de que, con el paso del tiempo, hubiera podido prosperar y mejorar en el trabajo, acaso en otras áreas de más responsabilidad. Pero de nada sirve mirar hacia atrás. Adulto de golpe Es consciente de que se hizo adulto de golpe. Empezó en un centro de trabajo con sesenta personas y en la actualidad son alrededor de trescientos, pero su trabajo, al final, sigue siendo el mismo. Llevar papeles de un sitio a otro. Dentro del propio edificio, o a otros próximos, pero siempre con el parque de San Lázaro a la vista. Toda la vida levantándose a las siete de la mañana, los sucesivos cambios políticos los ha notado, como ahora recuerda, en la flexibilidad del uniforme. «Aquellos galones, aquella chaqueta de cuello redondo abotonada hasta el cuello, ahogaba, pero es lo que había», rememora. El uniforme y el trato, apostilla. «Cada vez te encuentras en el trabajo con gente más preparada y cuanto más preparada, más educada y más respetuosa con el trabajo de los demás». O eso cree, en líneas generales. Hace dos años le fue concedida la medalla de la Orden de Isabel la Católica, que, lo que son las cosas, le da derecho al título de ilustrísimo señor . Por su dedicación y por sus años de trabajo. Recuerda el acto de entrega, en diciembre del 2003, en un acto oficial celebrado en A Coruña, presidido por el ex presidente Fraga y el ex delegado del Gobierno, Arsenio Fernández de Mesa. Lejanos los tiempos de las dos bicicletas oficiales que podía utilizar para ir a Correos, o para llevar las notificaciones a donde hiciese falta, tampoco olvida las buenas propinas que de chaval recibía cuando, aprovechando sus salidas, los funcionarios le encargaban tabaco, el bocadillo, o recados de lo más variado. ¿Y ahora? Pues le queda esperar hasta el 23 de agosto. Cumplirá entonces 65 años y se irá a casa. Con un nieto que actualmente tiene dos años y medio no le van a faltar ocupaciones.