AL MARGEN | O |
16 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El PP gallego tiene en Alberto Núñez a su nuevo referente. Sus espaldas cargan ya un peso enorme. Jubilar a Fraga, cambiar la mentalidad de un partido adocenado por la victoria, convencer a los jóvenes de que ser de derechas no chirría y maniobrar con el statu quo del partido son algunos retos a los que este ourensano de 44 años deberá hacer frente para que las rebarbadoras sigan apagadas. Se le han visto algunos gestos. Formas, sobre todo. Ha dejado en el armario la camisa de gemelos y la corbata, y ha optado por un look más sport, con camisas de botones en el cuello, vaqueros y demás símbolos externos que adopta un lider que quiere vencer el acartonamiento que todavía representan muchos dirigentes populares. Presumió el domingo de ser de pueblo, no ir de Judas por la vida y leer a García Márquez, divisas presentables todas ellas. Prometió trabajo y dedicación, virtudes que ha cultivado siempre, ya en el Instituto del Puente. Desde este fin de semana ha sido entronizado a la dirección regional del PP. Ese no es el final de nada, sino el principio de todo, pero ha sido un viaje meteórico. Alberto fue un león enjaulado las semanas que sucedieron a la derrota de las autonómicas de junio, frustrado por el revés electoral. Como el Ave Fénix resurgió después dando los primeros síntomas de que su innata ambición le llevaría a batirse para mandar en el PP. No nos engañemos. En agosto Alberto era aún el barón desterrado de todos los territorios galaicos. Mencionar su nombre era despertar la carcajada entre el clan baltariano . Midió sus fuerzas y se apoyó en gregarios que le vaciaron los charcos para no mojarse en el bulleiro ourensano. Entre ellos, Elier Ojea, al que sacrificó este domingo negándole un puesto en su ejecutiva. Ojea fue el cromo que Núñez cambió con Baltar. Si es el único, no pasa nada. Si es el primero, poco ha cambiado el PP.