El olor a pólvora y su aspecto inusual alertaron a los lugareños de la zona donde cayó El aparato resultó ser un globo de medición metereológica de la Xunta
21 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?oaquina Trincado, de 86 años, estaba sola en su casa de Vilela (A Rúa) el martes por la tarde cuando se asomó por la ventana y vio un extraño objeto colgando de un melocotonero de su finca. Al principio pensó que se trataba de una cometa como las que usan los niños para jugar pero, al acercarse y ver de cerca su aspecto inusual -con cables, una caja y un paracaídas rojo- se asustó y llamó por teléfono a su yerno, Lorenzo Rodríguez. El hombre no le dio importancia al asunto y no se dirigió hasta la casa con urgencia. Ya era casi de noche cuando llegó allí. Al ver el aparato comprendió y compartió el susto de su suegra y, aunque vio una inscripción que decía «Xunta de Galicia. Contén pilas. Tirar nun punto limpo», decidió no tocar el objeto. El olor a pólvora era muy fuerte y «nin Dios se atrevía a tocalo», según explica Lorenzo Rodríguez. Tomó la decisión de llamar al Ayuntamiento de A Rúa y le enviaron a un policía local y a un empleado municipal. Éste último, Alfonso Julio cuenta que al principio no se creía lo que le estaban contando por teléfono: «Pensei que me estaban metendo unha do quince». Ahora recuerda el episodio entre bromas, pero asegura que «pasamos un susto do carallo, non esperas nunca que che pase unha cousa así». Después de superar el miedo «por si había algo tóxico», recogieron el objeto -un enorme globo de látex con una caja de porexpán llena de cables y aparatos eléctricos, un pequeño paracaídas rojo y un círculo metálico- y lo llevaron al garaje de la Casa Consistorial de A Rúa. Llamada Informaron al alcalde, José Vicente Solarat, que ordenó ponerse en contacto con un teléfono que venía recogido junto a la inscripción de la Xunta. Al llamar acabaron por confirmar que se trataba de un globo sonda de medición metereológica. Tal y como decían las instrucciones, en inglés las más extensas, les ordenaron deshacerse de la parte más contaminante del aparato -una batería- en el punto limpio de la localidad. El resto del objeto está todavía guardado en el garaje de la Casa Consistorial, aunque pronto acabará en un contenedor. Joaquina Fernández, la mujer que lo encontró en su finca, colgado de un melocotonero y junto a sus tomates, pudo por tanto respirar tranquila. «Polo menos non caeu no louxado nin non nos colleu traballando na finca», comentaba ayer aliviado su yerno, Lorenzo Rodríguez, que nunca olvidará la anécdota.