Ourense en siete días ENSEÑANZA EMPRESAS Alberto Núñez fue expulsado del paraíso provincial y tuvo que ir al ourensanizado Vigo a recoger una cosecha millonaria en votos que llevó a Baltar a la reflexión
03 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Aunque el partido no está finalizado y quedan todavía mes y medio de zancadillas, el ourensano Alberto Núñez Feijoo tiene más expedito el camino para suceder a Fraga que hace siete días. Una vez más, cuando las bases hablan con libertad (recuérdese el triunfo de Borrell en las primarias del PSOE) los resultados son distintos de los que auguran los protagonistas, los analistas y las encuestas a la medida. Núñez ganó la primera parte del partido porque su presencia supone un viento fresco en un viciado PP. Así lo supieron ver en A Coruña y Pontevedra donde obtuvo una amplia mayoría. En Ourense también se atisbaron el pasado miércoles aires de cambio. Baltar ya no es el todopoderoso de antaño. Haría bien mirándose en el espejo de su íntimo Cuíña. Las bases no comulgan ciegamente con ruedas de molino. Baltar tuvo que pactar una lista en la capital (ya se sabe que en el rural es un maestro en las adhesiones del ¡amén, sí señor!) en la que tan sólo pudo colocar a cinco fieles de 21 candidatos. Algo está cambiando a este lado de A Cañiza. No hace ni seis meses que Baltar, cuál ángel flamígero, expulsaba a Alberto Núñez del paraíso ourensano para colocar en el número uno del PP a una tal Amparo de la que nunca más se supo. Ahora, en cambio, al otrora defenestrado político (nunca se le reconoció que fue el ourensano que ocupó el más alto cargo en el gobierno gallego, Pepe Quiroga al margen, hasta la llegada, que no triunfo, de Quintana) se le vuelven a abrir todas las puertas. A pesar del recorrido de Baltar por Lugo y Lalín tratando de exprimir el jugo de un acuerdo antinatural, Núñez tiene todas las papeletas de protagonizar la parábola del hijo pródigo aunque en una gestación distinta de la clásica parábola. Un hijo había abandonado a su padre porque le exigió la herencia. La tomó y se fue de casa. Una vez dilapidada regresó junto al padre al que encontró con los brazos abiertos. Con Núñez fue al revés. Baltar le negó la herencia y tuvo que buscar capital en el ourensanizado Vigo. Esta semana emergió millonario en votos y quien le había arrojado del paraíso le mira con instinto paternal porque, dijo, «á miña xente non podo pedirlle cousas imposibles». En sólo seis meses, el mundo del PP se puso del revés. ¿Qué podrá pasar en las seis semanas que restan?