Perfil | Miguel Ángel Pérez Pérez
18 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.A punto de cumplir 63, Miguel Ángel Pérez Pérez, consejero delegado del Parque Tecnolóxico desde 1991, no alcanzará la edad dejubilación convencional en un puesto al que llegó tras un tropiezo en política. Lleva cuarenta años sometido y expuesto a los flashes. Se estrenó muy joven en la Cámara de Comercio y también pronto dejó ver que quería más. Ese algo fue el Club de Dirigentes de Marketing y años después saltó a la presidencia de la CEO. Siempre acelerado, era el rey del post-it. Y del fax. Un precursor. De tanto usarlo se ganó el cariñoso apelativo de faxtidioso . Se multiplicaba. Rompió moldes. Frente al empresario que casi se ocultaba, que temía al periodista o huía del micrófono, él se movía con soltura. Era capaz de convertir un tropiezo casual con un alto cargo en una entrevista de trabajo. Aquí te pillo, aquí te mato. Efímero paso político Intentó el asalto a la alcaldía en el año 1991, al frente de una renovadora candidatura del PP que se estrelló contra el socialista Veiga Pombo. Le había puesto tanto entusiasmo que el golpe fue grande: normal, si se tiene en cuenta que sus antecesores como cabeza de cartel, Jorge Bermello y Antonio Caride-Tabarés, habían ganado. El fracaso político no impidió que desde el PP le concediesen el premio de un puesto ejecutivo en el entonces casi virtual Parque Tecnolóxico, cuyo nacimiento generó buenas dosis de escepticismo, en un momento en el que seguramente se barruntaba la futura crisis que condujo al cierre de Alfonso Pérez Distribuciones. La sociedad familiar, en su día pujante bajo el paraguas de la legendaria Vegé, echó el cierre en el año 1994. Su hermano Alfonso estaba al frente, pero él era el más conocido por el gran público. Y la mejor diana, puestos a reivindicar. Regulación de empleo, manifestaciones y juzgados dejaron tocada la imagen de Pérez Pérez, Miguel Ángel, a quien, poco antes del cierre empresarial, con motivo de un cumpleaños, habían regalado un vistoso BMW de color blanco. Su estrella perdió brillo, pero se sobrepuso. Siguió trabajando y, como si tal cosa, concentró sus energías en el incipiente parque tecnológico, que, como ayer reconoció el conselleiro que le presentó el finiquito, le debe mucho a sus esfuerzos. Se va con mal cuerpo. Ayer mismo pidió que se votasen las designaciones y luego siguió, con el semblante que muestra la imagen, un acto universitario en un recinto donde ha perdido un mando que sí tenía a mediados de junio del 1995, cuando dejó de asistir al último pleno de la corporación municipal de la que él formaba parte. Lleva cuarenta años en primera línea. Él dirá si quiere seguir. Y, sobre todo, dónde.