?uan Carlos Cabanelas Rodríguez, arquitecto de profesión, deja Xestur, una empresa pública que depende de la Consellería de Política Territorial. Lo que ha sido esta sociedad en Ourense se lo debe a él, ya que estuvo a su timón desde que se creó. Xestur gestionó suelo público en la provincia bajo tutela política. No es ésta una disciplina de la que reniegue Cabanelas. La tuvo en casa. Hijo de Cándido Cabanelas, alcalde durante muchos años de Boborás, se alimentó en las ubres nutricias de la extinta Coalición Galega para pasar a cultivar pronto los más feraces pastos del PP. Aquí se granjeó grandes amigos, pero también convictos enemigos. Bajo el mecenazgo de don Felisindo, célebre párroco de Tamaguelos, gozó de las influencias de éste en las épocas doradas del fraguismo. Pero las amistades más fructíferas las encontró en la familia Cuíña, en Lalín. se convirtió en el bastón de Xosé, el defenestrado conselleiro, al que dio consuelo aún cuando su estrella se había eclipsado. Su lealtad le llevó a encajar duros golpes en la defensa de polémicos proyectos, ninguno tanto como el famoso «Ourense cara o novo milenio» y el intento de ocupación de Benposta. Sufrió también los daños colaterales del primigenio proyecto del hotel de As Burgas. Aún con cicatrices, se convirtió en un valladar del que también se sirvió Baltar y los alcaldes de la boina y siempre estuvo cerca de los grandes proyectos públicos y privados de la capital. Ahora, tendrá más tiempo para cultivar una de sus pasiones: la poesía. Llegan ya buenos tiempos para la lírica.