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24 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La estación de Nueva Delhi llena de gente. Miseria por todas partes. Niños que como monos trepaban al tren para recoger toda la basura abandonada en los vagones para poder llevar algo a sus bocas. Todo esto me contaban mis amigos que acaban de llegar a Ourense de un viaje a la India, y me lo contaban delante de una opípara cena que yo había preparado. Mis pensamientos iban del relato a la mesa y de la mesa al supermercado cuando hace una semana llenábamos los carros con toda clase de productos con la única preocupación de quedarnos sin los cereales, las galletas o el filete por culpa de una huelga que nos rompió los esquemas. Estamos tan deformados por el consumo que sólo cuando vemos la miseria es cuando nos acordamos de que existen millones de personas (muchas también en Ourense) que no tienen nada, absolutamente nada, que se pelean por un trozo de cartón para poder acostarse y cuando lo consiguen se sienten felices de poseer algo. Para ellos, la bolsa de la basura que llevamos todos los días a los contenedores de nuestra capital sería el pedido del mes.