06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
LA libertad y la democracia no se alquilan. El Ateneo (pura lógica) tampoco. Ni se compra. Ni se vende. La cultura y la política ourensana exigen que se mantenga en su atalaya. Si lo que defienden es su espíritu, su aportación a la historia local, la ubicación es lo de menos. El Ateneo puede (debe) seguir defendiendo los valores que lo inspiran. Pero puede (debe) hacerlo desde otro espacio, aunque abandone el privilegio del Parque. Un privilegio que, por cierto, pagamos todos (vía Xunta) y no sólo los socios que ahora se rasgan las vestiduras. No se trata de desde dónde se hacen las cosas. Sino de cómo y por qué.