DIAGONAL | O |
06 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CAE FINA la lluvia. Es el título de una canción de Triana. También la imagen de una tarde que se acaba. Una jornada sin apenas fuegos en una provincia especialmente castigada este verano por la acción incendiaria. Miles de hectáreas arrasadas y dos vidas perdidas. Es un paréntesis, qué alivio, pero lamentablemente sólo será una pausa. Seguiremos enchufados al fuego mientras no caiga algo más que una fina lluvia. Como en los peores años. Cambió el gobierno gallego, los modos, el tono y las corbatas, pero no, por ahora, el resultado final. Tampoco se podía esperar otra cosa. Es una partida difícil. Aun con la mejor voluntad. En los meses de verano se concentran las acciones policiales contra los delincuentes. Y las detenciones. Lógico, pues es el momento para pillarlos con las manos en la masa. Ocurre, sin embargo, que superado el agobio y la presión de estos días, nos olvidamos con excesiva facilidad del desastre ecológico. Y, a lo mejor, es ahora cuando se pueden sentar las bases para luego desenmarcarlos, a partir de la pregunta mágica: ¿A quién beneficia? Accidentes aparte, detrás de cada incendio intencionado hay algún interés. De muy variado signo, pero lo hay. Y no necesariamente dinero. (Pirómanos, o sea, enfermos, los justos; es decir, poquitos).