Preparando el fin de curso

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Reportaje | El extraño ciclo lectivo de los que estudian hostelería En el centro provincial que forma a los profesionales del sector hostelero, un centenar de alumnos encaran la recta final de su aprendizaje

01 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?ientras en la mayoría de escuelas, institutos, centros de formación y academias están sacando brillo a los suelos para recibir en pocas semanas a sus alumnos, en la Escuela Provincial de Hostelería la llegada de septiembre es sólo el aviso de que se inicia el último trimestre y, consecuentemente, la tensión propia del fin de curso. En el edificio de la calle Marcelo Macías el verano apenas se ha dejado notar en la inclusión de alguna representación teatral o pequeña fiesta para completar el programa lectivo y hacerlo más llevadero. Por lo demás, la formación ha seguido el mismo ritmo que se marca desde marzo -fecha también poco ususal para comenzar- en cada uno de los módulos de la Formación Profesional Ocupacional, que es como se denomina a esta enseñanza reglada. Cuando llegue noviembre los cocineros habrán completado 1.050 horas, los camareros de restaurantes y bares 850, los metres habrán dedicado 700 horas a su formación -ellos ya son camareros profesionales-, los sumilleres cumplimentarán 450 y los pasteleros otras 550 de su especialidad. Este año también se ha incorporado un curso de animador turístico y para el que viene se ha pedido el de recepcionista de hotel. Pero además, habrán aprendido inglés, francés, alemán, seguridad e higiene y un montón de materias más que forman parte de la formación continua que se imparte en el centro y que busca completar el perfil de un profesional de alto nivel. Constantino Iglesias, director del centro, no tiene dudas de que todos y cada uno de los que salgan de allí dentro de tres meses dejarán en buen lugar a los 24 profesores -la mayoría profesionales en activo- que se encargaron de su formación. «Cada año pensamos que hemos tenido suerte con los alumnos seleccionados, porque vemos que aprovechan el tiempo, están ilusionados y les gusta, y creemos que no volveremos a tener otra promoción tan buena. Y cada año nos vuelven a sorprender», afirma entusiasmado el director. Así no es de extrañar que se los quiten de las manos, aunque como pasa siempre «se sepa más lo que hacemos desde fuera que aquí». Y es que hay escasez de profesionales -de los de verdad, no transportistas de platos y bebida, sino camareros que sepan decirle al cliente si la salsa lleva nata o aconsejar el mejor vino para acompañar su menú-, y algunos hosteleros echan mano de lo primero que cae. A ellos Constantino Iglesias les recomienda que sean más selectivos por su propio bien y el de sus negocios, pero también para ayudar a dignificar la profesión y a los profesionales de este sector.