Crónica | La tragedia en Afganistán deja secuelas en Ourense LOS QUE NO SE FUERON La familia del fallecido Diego González intentaba ayer asimilar la trágica noticia. Los padres de Luis Alonso, que compartía destino con él, suspiraban aliviados
16 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?as malas noticias llegan cuando uno menos se lo espera, sin avisar. Unos padres ourensanos se enteraban ayer a través de una llamada telefónica que nunca quisieron recibir, de que su hijo, Diego, acababa de morir al caer al suelo el helicóptero en el que viajaba. Estaba en Afganistán. Participaba en una misión humanitaria. La noticia cayó sobre sus vidas como un mazazo. José Lino y Mari Luz, esos padres destrozados, intentaban ayer asimiliar la noticia. Ellos, la hermana del joven soldado y su novia, Alejandra, masticaban ayer la tristeza y el dolor, abrumados. Lo hacían, eso sí, rodeados de los suyos. La casa familiar, en As Barxas (Cudeiro), fue el escenario de un duelo constante y sentido. Familiares, amigos y vecinos fueron desfilando por el patio de la casa, donde estaban los más allegados, combatiendo el calor de una tarde aciaga. No estaba su madre, que se resistía a creer la noticia en el interior del domicilio. Nadie intentaba contener las lágrimas. No era un día para contenerse. Era un día para los lamentos. El Ejército les ha ofrecido ayuda psicológica a los familiares pero tendrán que recibirla o bien por telefóno o bien en Pontevedra, en la base de Figueirido. Tensa espera Pero la tragedia no sólo tocó el corazón de esta familia de Cudeiro. Una larga y tensa espera fue la que padecieron Olga y Luis en su casa de Vales, en O Barco de Valdeorras. Su hijo, Luis Alonso Rodríguez, partió el pasado día 3 de agosto hacia Afganistán, desde Figueirido. Allí, junto a él, en el momento de su despedida, estaban además de sus padres, su mujer y su hija de tres años, que protagonizó parte de la velada al desfilar delante de los soldados. Olga se entera de la noticia por la mañana, a través de una vecina, mientras está recogiendo patatas: un helicóptero español se ha estrellado en Afganistán y hay varios muertos. Esperando noticias A las dos de la tarde no tiene más datos. Se le ha encogido el estómago y no puede comer. Le brillan los ojos. Lleva un rato llorando pero es optimista. «Si no tengo noticias, será porque no ha pasado nada», afirma, aunque su cara es más de preocupación que de esperanza. Recuerda orgullosa que hace 17 años que su hijo decidió alistarse. Casi media vida. Hace tres días que habló con él por teléfono y le dijo que hacía mucho calor y que les trataban bien. «Alguna vez le pregunté si tenía miedo y el me respondía 'Si tuviera miedo no iría», recuerda Olga. La madre de Luis entretiene la espera repasando la trayectoria de su hijo. Destinos conflictivos En algunos momentos le vuelven a brillar los ojos pero enseguida se recompone y prosigue el relato de los destinos de Luis. Estuvo en dos ocasiones en Bosnia. Su madre recuerda cómo le hablaba de la pobreza que vio allí. Le contaba cómo vivían los niños, «sin ni siquiera zapatos». Está orgullosa del trabajo que desempeña su hijo pero le pueden los nervios por la falta de comunicación. De fondo se escucha una voz -de la radio o la televisión-, la única vía de información que tiene a esas horas. Contradicciones «Como crees que me siento», responde cuando se le pregunta cómo vive los meses en los que su hijo tiene que marchar a realizar labores humanitarias. Pero sabe que es lo que a él le gusta y no pretende disuadirle para que cambie de trabajo. A mediodía se hace pública la lista de fallecidos y el nombre de Luis Alonso no figura en ella. Es un respiro para la familia y los amigos. Él seguirá trabajando allí y los suyos lo esperarán todavía con el corazón encogido.