Sociedad
10 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Orgulloso se encontraba ayer Enrique Pérez Gavela, un vecino de O Barco que encontró en su propia huerta una casi obra de arte. Pesa 1,450 kilos y todavía no tiene nombre. La patata en cuestión asombra ya no por su tamaño y peso sino por su forma. Como si de una obra de Botero o de Ramón Conde se tratase, la pieza única parece bailar sobre sí misma. Recordará además, a los más cinéfilos, al pequeño ser Flubber que acompaña a Robin Williams en la película Flubber y el profesor chiflado . Su propietario -que ya ha confesado que no la consumirá y que la guardará en su casa- se mostraba ayer todavía sorprendido de que la patata hubiera salido de la tierra sin ningún rasguño. «Podría haberla roto con la azada, pero me sorprende que no tenga ni un solo corte», comenta. Pero la verdad es que Enrique Pérez Gavela ya está acostumbrado a que de su huerta salgan verdaderas piezas únicas, propias de cualquier museo escultórico. Utiliza desde hace años para su huerta un compost que él mismo fabrica. Dice que ése es su secreto. Mimar la tierra y utilizar los productos más naturales. Da la casualidad de que el lugar en donde se encuentra su huerta se llama Urbanización Huertas. ¿Puede tener esto algo que ver? «Hemos tenido patatas de casi un kilo, casi es algo normal, pero esto no lo había visto nunca», relataba ayer orgulloso el propietario de tal manjar. La naturaleza, en este caso ha dado un ejemplo al arte. Como todo, es cuestión de utilizar los mejores productos con sumo mimo.