Crónica | Un cuarto de siglo del Baloncesto Carballiño EL ARTÍFICE Jugadores de distintas épocas del equipo se reunieron de nuevo para celebrar en la mítica Pista Roxa de O Carballiño una trayectoria plagada de éxitos y buen ambiente
28 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?n una villa con muchas tradiciones venidas a menos, como es O Carballiño, el baloncesto va ligado a un club y al empeño de su principal cabeza visible: Manolo Celta. Ayer, la entidad cumplió 25 años y nada mejor que refugiarse en su propio embrión, en la conocida como Pista Roxa, que sobrevivió a la reforma de la plaza do Emigrante. En el emblemático recinto se dieron cita personajes que han labrado, canasta a canasta, buena parte de la historia del baloncesto carballiñés y de una trayectoria que a lo largo de los años se ha fundamentado en mantener viva una piña de amigos, con la ilusión de practicar deporte y pasar buenos ratos juntos. Y no ha resultado fácil, desde luego. En aquellos años donde el fútbol local llenaba Espiñedo o cuando el fútbol sala se apoderó de las canchas del Pazo Paco Chao para colapsarlo, cuatro amigos -tanto en sentido literal como figurado- se pusieron a encestar en las pocas canastas que había instaladas en territorio carballiñés. En ocasiones, incluso muchos de los descartes de la cantera ourensana tuvieron que ganarse el respeto y la consideración, tras el corto viaje a O Carballiño y, a la postre, lo que parecía imposible, terminaron por aumentar los aficionados y los jóvenes jugadores locales que prefirieron esforzarse para hacer un mate a la manida opción de darle patadas al esférico. Todo ello no fue fruto de la coincidencia o de la suerte. Al contrario, fue el empeño, la cabezonería de Manolo Celta, el siempre amable grito de ánimo de Suso Maljkovic y, en general, el buen rollito que destilaba todo aquello que rodeaba al Baloncesto Carballiño y a los patrocinadores que echaron una mano para las necesarias inyecciones económicas, lease Maxim's, Olimpia, Fass o más recientemente Frigoríficos Florindo. Siempre o casi compitió en inferioridad de condiciones, por lo que a presupuestos se refiere, contra muchos de sus rivales, pero terminó consolidándose como el segundo equipo de la provincia, detrás del de la capital e incluso firmaron la machada de encaramarse a la Liga EBA sin perder su esencia de equipo aficionado. Las cañas de después del partido siguieron siendo obligatorias para hacer piña y más de algún jugador cotizado desechó ofertas económicas para arrimar el hombro en un grupo que nunca renunció a su identidad. Deporte y camaradería en estado puro.