Un estudio demuestra que el ser humano tiende a minimizar las desgracias del pasado y consigue así una mayor comprensión de la vida.
23 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Dos estudios recientes realizados por investigadores de la universidad de Concordia, en Montreal, en los que se analizó el impacto de ciertos hechos en los individuos, así como las emociones que produjeron y su evolución en el tiempo y publicados en el último número de la revista especializada Journal of Personality, desmuestran que las experiencias negativas de la vida sirven generalmente para fortalecer la personalidad del ser humano. De hecho, se tiende a minimizar el miedo, la angustia y otras emociones negativas y a enfatizar los recuerdos positivos. El ser humano tiende a ver el pasado de manera positiva, sean cuales fueren los acontecimientos que nos hayan afectado. Con el tiempo, se tiende a darle sentido a los hechos, lo que convierte a cada persona en una especie muy positiva, que suele minimizar el impacto de las desgracias en pos de una mayor comprensión de la vida. Siempre mejorando Los individuos mentalmente sanos generan así una narración más bien optimista de su historia, de manera que esto les sirve para crearse una identidad más saludable, señalan los especialistas Michael Conway y Wendy-Jo Wood, de dicha universidad. En una entrevista, Comway declaró que la salud mental se mantiene o se mejora gracias a los continuos intentos que hacemos para darle sentido a las experiencias vitales. La gente tiende a ver el aspecto positivo incluso a las situaciones más difíciles que hayan vivido, y minimizan al máximo sus efectos. Basándose en los resultados de ambos estudios, los especialistas han concluido que la percepción que tenemos de los hechos negativos nos permite darle sentido a las cosas, un sentido más positivo que negativo normalmente. La investigación Para la investigación fueron analizadas más de 300 personas, en dos estudios distintos. El primero de ellos se realizó con 279 universitarios a los que se les pidió que pensaran en un hecho importante de su pasado que les hubiera ayudado a definirse a sí mismos. Después se les pidió que describieran dicho acontecimiento en diversos términos, por ejemplo, cuanto tiempo quedaron impactados por él o cuánto les ayudó a aprender acerca de sí mismos y de la vida. En un segundo estudio, se les pidió a 79 universitarios que refirieran y describieran, sobre papel, cinco recuerdos que les hubieran marcado, y que los puntuaran del uno al cinco según el impacto que hubieran tenido en sus vidas. Asimismo, rellenaron dos cuestionarios sobre 10 emociones que hubiesen sentido cuando les sucedieron esos acontecimientos, y sobre como se sentían en ese momento con respecto a ellos. Los resultados de ambos estudios revelaron por un lado que los hechos se integran positivamente, en general. Por otro lado, se descubrió que los participantes reflejaban que los efectos emocionales de los hechos negativos, como los conflictos con otras personas, la muerte o las agresiones físicas y sexuales, solían mitigarse con el tiempo, por lo que las heridas parecían curarse, con una sensación de orgullo y felicidad que declaraban no sentir antes de que las desgracias les sobrevinieran.