DESDE LAS AULAS | O |
10 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.A VECES pienso que los ourensanos somos de una raza a parte. Cual flemáticos británicos, pocos contratiempos son capaces de hacernos perder la calma. De alterar mínimamente nuestras rutinas cotidianas. Ya pueden cerrar empresas o secarse los manantiales de As Burgas. Somos imperturbables cual curtidos jugadores de póquer. Como si la cosa no fuese ni viniese con nosotros. Aunque bien pensado, quizás todo sea un espejismo. O un mal guiño de don Carnal. ¿Quien iba a pensar que el punto álgido del culebrón Xardín de As Burgas coincidiría con este Entroido de secano? Ni al mejor guionista de operetas se le ocurriría tal requiebro en la trama. Solo faltó que en el entierro de la sardina desfilasen pomposamente los padres de la criatura. Por cierto ¿por donde andan los insignes promotores del esperpéntico hotel-balneario? ¿Aquellos reputados arquitectos que pusieron nombre y apellidos a la genial idea a desarrollar? Siempre he pensado que este mundo nuestro de cada día, aparte de inexplicable, es injusto. Si cualquier humilde mortal cometiese la mitad de tamaño desaguisado, sería lapidado sin reparo en la plaza mayor de la villa. Pero así viene la mano, amigos. Por cierto, el sábado os invito al rugby. Gozaréis con la experiencia.