OPINIÓN | O |
22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.PUBLICADA en 1963, y según explica Torrente en el prólogo, nace de «un empacho de Realismo». Sobre todo si tenemos en cuenta lo que dice el autor en el citado prólogo: «Por mi temperamento y por mi educación, me siento inclinado al más estrecho realismo y, con idéntica afición, a todo lo contrario». Por ello ahora, Torrente afronta con el Don Juan su obra más intelectual e imaginativa, menos convencional y realista. Torrente, aficionado a los mitos históricos, aborda el de Don Juan Tenorio, en una narración ambiciosa y original, desde perspectivas inéditas. Don Juan sobrevive a través de los siglos, y el que protagoniza la novela es el que arrastra su existencia en pleno siglo XX. Es un Don Juan filósofo, erudito y sabio, que quiere dejar atrás la imagen de gran seductor y que, además, no siente ningún interés por las mujeres, a pesar de que siga ejerciendo sobre ellas una irresistible atracción. Por tanto, estamos ante el viejo mito del Tenorio, tratado por muchos escritores, españoles y extranjeros desde Tirso de Molina, y también por músicos o artistas plásticos, pero visto desde perspectivas inéditas. Torrente la consideraba su mejor novela, la más sólida y ambiciosa. La presentó a un Premio convocado por la Real Academia Española de la Lengua. No sólo no se lo dieron, sino que premiaron otra infinitamente inferior, hoy olvidada por críticos y lectores. De Don Juan se vendieron trescientos ejemplares en dos años. Fue el mayor desengaño literario de Torrente, que dudó en seguir escribiendo. De hecho, el fracaso de su novela preferida tuvo mucho que ver con que se empeñase en marchar de Madrid, donde vivía desde el año 1947. Y así fue como llegó a Pontevedra, en 1964, lo que, a la larga, le supondría volver a recuperarse como escritor. Una de las mayores novedades de la novela de Torrente es que transgrede el mito y vuela por su cuenta. Por Leporello sabemos, pues, que Don Juan, hijo de D. Pedro Tenorio, no nació Don Juan, es decir, libertino y mujeriego, sino que se hizo. De niño, estudia en Salamanca, y al morir su padre, duda en entrar en una orden religiosa. De joven, jamás pisé una taberna salmantina, ni recibí de tapadillo a una prostituta, ni rondé rejas, ni anduve a cencerros tapados. Llegué a los veintitrés años virgen, y lo que es más raro, sin que la presencia o la imagen de una mujer turbase mis entrañas y me hiciese apetecer la carne..., confiesa el propio Don Juan. La novela es un ejemplo de libertad creativa en la composición argumental y en la resolución literaria. Hay en ella distintos espacios novelescos en diferentes tiempos históricos (desde la Sevilla natal de don Juan, en el siglo XVII, hasta el París moderno en que transcurre la historia principal). También, distintos narradores, y diferentes temas que subyacen en el relato. Todos están desarrollados con solidez y profundidad. Pero la novedad de Don Juan está en el tratamiento irónico, desenfadado e incluso humorístico, que le da Torrente a todo este cuerpo narrativo, lo que hace que la lectura de esta novela intelectual resulte para el lector fácil y amena.