DIARIO DE AURIA
15 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Don Gonzalo Torrente Ballester escribía en sonata de piano. En clave de sol. Iluminado por la luna y por mil meigas que lo miraban con gafas de pasta y escobas de caramelos. Acostumbraba a terminar sus textos y repetirlos en voz alta, para escucharse, escucharlos. Sentía cómo se le iban las manos encima de las letras y sonreía, al cielo o al infierno, con su sonrisa de don Juan malévolo, seductor, pícaro ferrolano. A don Juan él lo escribió mejor que nadie, en 1963. El libro fue un sonoro fracaso y él se deprimió. No entendía cómo la profunda España literaria le negaba el fervor y el favor, más preocupada por sus miserias cotidianas que por su literatura, más inclinada a la mediocridad que a la ventura del talento: hoy no ha cambiado nada. La fama le llegó tarde, gracias a la televisión. Fue con Los gozos y las sombras . Leí aquella novela en las tardes frías de Salesianos. En la biblioteca que adoro, todavía. La biblioteca sin la que no hubiera escrito nada. Los estantes, el rostro de don Paulino confiscando el saber entre las fichas de las novelas que a mí me perdían, la historia del mundo resumida en un título, la vida misma, a corazón abierto: Los gozos y las sombras . Yo jugaba a ser Carlos Deza entre las brumas de una adolescencia de espinillas y muchachas, en COU, que siempre decían no (y alguna vez decían sí, quiero, te quiero). Carlos Deza: un espectador de la vida, sin decidir, sin arriesgar, sin hacerse mayor. Romántico, ensimismado, enamorado de una mujer de cristal que se convirtió en Charo López y le dio, por fin, forma a mis sueños. A Torrente Ballester lo llevaba en el alma cuando la tele lo hizo famoso. Canalla la vida. Un genio de tal magnitud tiene que hacerse viejo para que lo quieran. Después escribió un libro que es mejor que El Quijote, pero tal vez tengan que pasar cuatrocientos años para que usted, querido lector, lo sepa. Se titula La saga/fuga de JB , publicada en 1972. Exige cierto esfuerzo su lectura. No es El código da Vinci , por supuesto. Pero uno lee la novela y tiene la sensación de ser más inteligente, sabio: exactamente lo contrario que con da Vinci. Porque don Gonzalo, como todos los grandes, buscaba cómplices entre sus lectores. Sus obras mayores exigen esfuerzo porque la lectura es siempre una conquista. Conquistar lo inexplorado, crecer, sentir, conocerte, ser, gozos, sombras. La Voz de Galicia te trae a Torrente Ballester, don Gonzalo. Tú, como él, leerás con sonatas de piano.